6.6.08

Patrón verbal.

Estaba tal vez demasiado ocupado como para pensar en lo desastrosa que era su vida. De un día para el otro tuda su comodidad, esa seguridad que le brindaba su rutina desaparecieron. Y se encontraba sin nada.
Y la vio. Era ella, o su belleza, o el mal día, o el calor. Venía como despreocupada, contenta, real. Todo lo que a él le faltaba, ella lo tenía. Le preguntó la hora, el nombre, las cosas. Y sin saber cómo ni porqué se prendió la blusa, lo miró a los ojos y caminaron hasta el momento en el que ocurrió, y no supieron qué pasó, fue el alboroto y esa soledad. La irrealidad que los dejó que hicieran y deshicieran, que pudieran, sin importar si debían, sin importar el día.
Era el sol otra vez, como esos días cansados, iguales. La vio y qué iba a hacer más que verla, si allí estaba. Y de pronto todo se cortó, y sin recibir una explicación, se fue como si nunca hubiera estado, y su rostro quedó grabado en su memoria. Pero qué importaba si no estaba, si llegó a su casa y vio a su marido y no le habló, pensar en él la hacía sentir tonta. Tenía su recuerdo tan presente, su ausencia tan inútilmente clavada que apenas entendía cómo había cambiado esa hermosa utopía por la idiota realidad.
Los días pasaron y apenas se guardaban los momentos. Y fue en uno de esos donde había algo, donde se encontraban y donde iban y se abrían al ese mundo donde el encuentro no era más que caer lo que parecía, pero no era.

3.6.08

Pasado, pasado...

Era precioso mirar apenas alrededor, verte tan íntegro y perfecto, porque te hacías perfecto apenas volvía a verte, una, dos, mil veces. Porque eras diferente cada segundo, cada beso, y eso era lo que me encantaba de vos, cambiabas como si no hubieras existido nunca, así como yo cambié también y ahora quién sabe qué haría si volvieras con tu imagen real, qué haría. Te dejaría ir como dejo ir las cosas que ya no quiero, dejaría que desaparezcas como siempre lo hiciste, te miraría de lejos y apenas, apenas mirándote, sintiendo cómo te voy perdiendo mientras la imagen se hace lejana, luego una silueta, luego una sombra, luego el viento, luego adiós. Y te veré ir casi sin importarme, olvidándome de todo, recordándote como el pasado, la vergüenza, haciendo ajena tu boca aunque me cueste la vida, creando otra boca tal vez más mía, tal vez. Más perfecta.

31.5.08

Mentira!

El mundo te llama ahí afuera tan desesperado, te pide que salgas, que busques, que mires, que toques. Te pide que seas algo, alguien, que existas, que pertenezcas, que reconozcas. Y así empezás a ver, de a poco, sin saber que te están empujando, obligando, que estás porque tenés que estar y etcétera. Pero qué más da, si no sabés hacer más que responder a los gritos, con acciones, con gestos, creés que basta, que te alcanza. Creés hasta reventar, sólo por creer en algo, por aferrarte a una idea que buena o mala está y punto. Y en la creencia empezás a perderte sin darte cuenta, caminás en función de ella, y el camino termina inevitablemente en la oscura desilusión. Pero cuándo llega esa desilusión sino en la muerte, una muerte que no es muerte sino otra creencia que es al menos más creíble que la otra, o menos, pero ya muerta la primera es necesario siempre que comience a vivir otra, por descarte, por miedo a la soledad. Así te volvés tan dependiente de vos mismo, de algo que ni siquiera es, ideas, ideas y más ideas con las que protegerte de lo que te grita el mundo, ideas que se vuelven tangibles a medida que vas creyéndotelas hasta que dejás de tocarlas para siempre, porque es tan fuerte esa voz que te grita el viento, es tan fuerte el beso que te da la brisa, el color de las hojas, la luz del sol. Es tan fuerte todo eso que no podés escaparte de vos, del suelo, de tus pies. No podés, y por eso se termina el camino, se termina para siempre.

27.5.08

Del 20 de abril de 2005.

No tendría que extrañarte si en realidad estás aún tan tangible como siempre, si soy tan capaz de tocarte en la oscuridad y la ausencia. Puedo sin esfuerzo recrearte como a un dibujo en el recuerdo, a tu voz y al cuerpo vulnerable, la risa, el sudor. No necesito nada. Ni tiempos, ni rutinas, ni momentos. Me basta con sentir el reflejo de tu rostro en el espejo que me acaricia piel a piel, sentir las horas pasar como fugaces y eternas, sentirte tan mío que apenas pueda respirar, vivir, saber que no estás y sos sólo parte de un pasado que no volverá.

25.5.08

Música.

Y suena otra vez tu voz
hoy nueva, real.
Suena alarmante, sonriente
sabe cuándo venir
cuándo no es difícil escucharla;
cuando aparecés entre los libros
y el ritmo inacabable
entre el labio seco y la lágrima sangrante
y venís como insinuante
y gritás como insistente,
qué hacer cuando estás cerca
y me pedís que te abrace
y te entregás al vacío y al miedo,
a la oscuridad del cuarto,
a mi piel que cree oir tu voz y
a tu cuerpo cansado,
a tu risa eufórica,
a tu beso atolondrado.
Tanto creo oírla que te veo entre
las puertas y los jardines, los malvones
y las rosas, los labios y los adoquines,
te veo hermosa como a una estrella
que apenas brilla,
tu boca que se hace mía
cuando venís a la mente sin avisarle
antes,
se hace real tu recuerdo,
se hace memoria el olvido,
se hace esencial lo insignificante.

24.5.08

Un poco de discurso.

En los momentos (esos momentos) en que me pongo a escuchar jazz y a leer es cuando más te necesito. Por una cuestión de armonía, de proporcionalidad. Sí, demasiada ciencia pero ella hizo de mí aquí, de la música acá, del libro allá. De vos quién sabe dónde, tal vez buscando mi cuerpo para abrazarlo, o revolcándote con otra, o besando mi foto mientras suenan las notas y dicen las palabras y recordás compulsivamente mi nombre. Pero al final somos lo mismo, una parcialidad que necesita de la otra para ser total, para ser. Por eso aunque te revuelques aquí o allá y yo sonría, no dejamos de inventarnos enfermos de tanta necesidad. Por eso puedo crearte tan precioso entre las notas y los discursos interminables, entre el pasado y el presente y cuestiones físicas más allá de lo físico. Por eso podés tocarme cuando cerrás los ojos, cuando los abrís, cuando te olvidás. Te es tan fácil hacerme y deshacerme, aunque te vayas, aunque no te importe. Porque nos separa tal vez una distancia interminable pero qué mas da si esa distancia se hace centímetro apenas aparecés entre el sonido, cuestiones metafísicas que nunca vas a entender. ¿Y yo? Y yo menos.