31.12.09

.

Nada significa nada:
todo tiene un tiempo,
que como comienza,
termina.
Los hombres son hombres a veces
y otras son materia
enterrada sin cielo.
Nadie ama lo suficiente,
no hay cantidades ni materias.
Entonces se sabe:
que todo sea menos que un infinito
es una mediocridad
digna de un llanto eterno.

29.12.09

Oportunidad (romper y volver a empezar, y así siempre)

Se rompió el esquema de las cosas,
te besé en otro tiempo.
Tus labios eran rosas marchitas
en un ocaso viejo.
No sonreías como un niño
y tus manos dibujaban
retratos siniestros:
mi cara sin fondo,
tu cara sin nada.
Eras un ser mundano
deslizándose en el viento,
no eras esa esperanza,
ese futuro nuestro.

El mar nuestro.

Y un día lloramos. Lloramos tanto y juntos que se nos inundó todo: el patio, los rosales, las ventanas. Amaneció y entonces el barro y el olor a humedad fue como una hermosa bocanada de aire fresco: por fin lo habíamos hecho. Nos miramos y nos dimos un abrazo, nos quisimos así sin nada puesto, con toda la tristeza que sobraba (que no era mucha por cierto).
Todo estaba disuelto en esos mares salados que éramos también nosotros. Nuestros pasados, nuestros amores frustrados, nuestras imposibilidades, nuestras eternas soledades. Y sin embargo sólo era agua: agua que reflejaba las hojas, a lo sumo. Tibia y hermosa, suave, titubeante ante el viento. Todo era nuestra lágrima: nuestras almas llorando.
Mirá le dije, mirá lo que hemos hecho. Nos deshicimos en un montón de nada, nos entregamos sin más a nuestra propa desgracia. Me sonrió. Que tonto hablar de las cosas: mejor verlas ahí mismo, ante mis pies mojados, sobre mis pies mojados. Las cosas eran también mis pies mojados, mi nariz, mis ojos hinchados. Eran mis brazos, mis pulmones, mi vida entera. Y las podía tocar. ¡Qué cosa tan fantástica! Y hasta supe verlas, por un momento, cuando estuve solo y no supe si eran realmente mis cosas o las mías, si las de él o las de alguien más que tal vez había aparecido durante la madrugada. Yo las sentía propias, tan propias como nunca había sentido a nada en la vida. Ni siquiera las había tocado y ya las amaba con locura, las adoraba y sabía que lo iba a seguir haciendo. Por primera vez lo pude afirmar, sin ninguna duda, sin ningún miedo: ese amor iba a ser para siempre.
Ya está. Él era también mi compañero: es la tristeza lo que más se comparte. Es el abrazo y el llanto, son las horas que fueron solas alguna vez. Ya no. Nunca más estaríamos solos, me lo dijeron sus ojos, sus penas también flotando en mis dedos, en mis pies descalzos.

16.12.09

Poderes.

Si te hablo a vos les hablo a todos,
si hablo de mí, hablo de todos,
si me dejás te dejás
si me besás me beso si te vas me voy,
sigo a tu sombra,
todos siguen a tu sombra en pasos violentos,
todos sufren lo que sufro,
todos se van conmigo,
todos se van con vos,
si te hablo y te pido no me dejes no me beses no te vayas,
entonces todos hablan,
y vos también pedís
no me dejes
no me beses
no te vayas.

28.11.09

Rojo.

Te robé un papel rojo y roto, tenía tu nombre y otra palabra. Estaba en la mesa como dormido, y yo sabía que, por cómo sos, nunca ibas a tener la más mínima intención de despertarlo, así que te hice un favor, digamos, y lo tomé. No decía nada interesante, era tu nombre. Tu nombre y otra palabra. A nosotros nos cuesta hablar y dejar notas suele ser un medio alternativo de comunicación, pero en ese papel no me estabas hablando, eras sólo vos y tu letra, una letra tosca y triste. No te habías ido, es decir, si te hubieras ido probablemente hubiera llamado a la policía, me hubiera suicidado o algún otro tipo de reacción. Pero estaba tu perfume al lado mío y eso le quitaba importancia al misterio del papel, por qué era rojo eso es algo que no importa, quizás te gusta el color, o me gusta a mí y por eso lo era. Una hora extraña, como las siete u ocho de la tarde, uno nunca sabe que es esa hora cuando llega, siempre calcula algunos minutos menos o más, son tiempos vacíos, como agujeros en el día y yo estaba ahí adentro con tu letra en mi mano, atacándola y pidiéndole algo, una palabra con tu nombre, un beso seco, a tu perfume, a tu camisa arrugada. No sé si me hablaba a mí o era algo desde vos hacia vos, tampoco tenía que meterme en tus cuestiones internas pero no es difícil suponer que me querías decir algo, aunque no pude descifrarlo. Yo creo que tenía fiebre y hacía frío y tu letra era un dibujo precioso sobre el papel. Así que pensé luego de un rato, qué hago con esto que me atormenta tanto, también con tu olor y ahora tu voz en un susurro sensual, mejor dejarlo donde estaba, suavemente dormido como un bebé chiquito. Aprendí alguna vez que es peor atormentar a las cosas que nunca acercarse a ellas, al menos se conserva la esperanza que nos ayuda a levantarnos de la cama.

24.11.09

Desencuentro.

Hay cosas terribles en el mundo,
los mosquitos, las narices grandes,
el calor, los desmayos,
pero jamás encontré nada
peor que el amor desencontrado,
esa tímida voz que dice
algo que se parece a lo que siente
el que la tiene
pero con otras palabras,
y alguna otra voz le responde
un no agresivo tremendo como una puñalada
que se clava de lleno en la garganta.
Entonces el primero baja suavemente la cabeza,
como esperando el arrepentimiento,
el abrazo final de la escena,
que nunca aparece, se va derritiendo
en los pasos de a poco la esperanza,
la va dejando como una miguita de pan
que marca el camino
hacia la vida normal
un poco menos vida
un poco más muerte.