22.3.08

La mosca.

Un bicho volador aparece apenas apago el televisor y prendo el velador. No creo que sea un mosquito, ya se hubiera posado sobre mí y hasta me hubiera picado. Comienza a zumbar, y es el zumbido el que me afirma que se trata de una mosca, mediana, fea, ruidosa. Vuela cerca de la lámpara y se escapa a las sombras, y la pierdo de vista porque vuela rápido. Intento concentrarme en la lectura. En el café, en Oliveira, en los vómitos. Pero me goza su presencia apoyándose sobre la frazada y escapando ante la mínima amenaza de mi mano.
Nunca maté a una mosca. Pienso que porque son más rápidas que los insulsos mosquitos, y porque me imagino que su cuerpo muerto debe tener cosas adentro, como líquidos negros u órganos. Y entre el cadáver figurarían sus ojos redondos, sus finas patas y sus alas transparentes que deben ser como de plástico o nylon, y no sé si tiene cola pero la encontraría a la vista.
No me ganarás, mosca. Esto ya es un problema personal. No me gustaría colaborar con la extinción de cualquier raza animal pero no tenés derecho a arruinarme la madrugada, después de todo... ¿qué te hice? Ni siquiera te sirvo ni tenés que ponerme nerviosa con tu zumbido para acelerar el flujo de mi sangre y poder chuparla más facil como los mosquitos.
Parece que te dormiste o estás comiendo alguna miga. Supongo que dormir bien para vos debe estar comprendido entre el minuto y el minuto y medio... ¿Dormirás? ¿O harás así con las patas como planeando la destrucción del mundo durante tu tiempo libre o mejor dicho, cuando no estás molestando a una pobre adolescente con problemas de insomnio que intenta escaparse por un rato de este trágico mundo?

20.3.08

Vueltas en círculos.

Pienso que las cosas están volviendo a lo que fueron, sólo que con otro nombre. Las reacciones, las palabras, las cortesías, las indirectas, las ilusiones, los pensamientos, las miradas, la incertidumbre, la comunicación, la distancia, la timidez, la inseguridad, los recuerdos. Volver a lo mismo como si nunca hubiera terminado, sentir en uno lo que ya sentí, como si no pudiera dejar atrás el pasado. Como si se repitiera la sensación de no entender nada y al mismo tiempo entenderlo todo, los miedos. Tal vez no pueda definir lo que me pasa pero hay algo que me impide sentirme cómoda cuando lo miro a los ojos. Y pienso en mi dependencia, en que nada de esto pasaría si acaso no hubiera notado ese interés, ese más allá del otro lado, si no tuviera al menos alguna seguridad de que mis ilusiones no se caerán en mil pedazos una vez que todo se sepa. No sé porqué no me dejo llevar en lugar de pensar en lo que pasará. Y todo vuelve a lo mismo, es increíble cómo lo enterrado vuelve a nacer y es inevitable la comparación, el recuerdo. El temor a equivocarme, los besos que ansía mi boca, los abrazos que no tuve, la necesidad de que todo sea mejor a lo que fue. Por momentos pienso que todo esto fue creado por cansarme de esperar, por querer al final merecerme algo, que en realidad no hay sentimiento, ni miradas, ni interés. Sólo ese miedo a la soledad, esa sensación de ya no más. No importa quién, cuándo, cómo. Ya no más, sólo eso queremos.

19.3.08

La inocencia.

Tal vez no te encuentre en el camino a casa, ni reciba tu llamado a las nueve en punto cuando me disponga a pensar en vos. Pero sí tengo la certeza de que algún día, cuando ya esté harta de esperarte, vendrás a mí y entre las sombras no serás nadie más que la desesperación de llenarme de eso que te hizo tan mal, cuando querías estar y el pasado no te dejaba, y sus besos eran el ahogo de quien no quisiste ser, y mi nombre de vez en cuando te torturaba.
Y cuando vengas a mí y quieras volver a ser lo que fuiste, como intentando recuperar el tiempo gastado, ya no estaré allí.

18.3.08

Experiencia.

A veces pensaba que las cosas no funcionaban. Lo miraba y las horas pasaban y cada paso que dábamos era como volver a lo mismo. El tiempo de vez en cuando me despertaba como abrupto y yo me daba cuenta de lo estúpida que estaba siendo, pero qué iba a hacer si él seguía estando ahí casi porque debía estarlo, y el adiós ya había sido pronunciado sin que lo sospechásemos. Si bien sus ojos hermosos seguían derritiéndome y su voz despertaba mis instintos y cada palabra que decía la tomaba y la guardaba para mí (sobre todo si era dulce), era como si no dependiera de nosotros que las cosas se hubieran dado así. ¿Y qué íbamos a hacer? ¿Esperar, besar, llorar? No lo sabíamos y actuábamos como las respuestas a eso que el aire que respirábamos nos decía. Y de un segundo al otro nos despertamos de un sueño que si bien ya había muerto, creíamos que iba a vivir para siempre.

15.3.08

Loco de amor.


Esta locura de verte,
y no saber
si eres o si soy
yo la que te busca.

esta locura de perderme,
en los caminos ya trazados
por el destino
por no conformarme,
por quererte.

esta locura es sana,
es cuerda, es vital
esta locura de amarte,
no me mata,
ni me hace mal
porque sin este amor
estaría más loca
de lo que soy en realidad.

14.3.08

Ella.


¿Y qué pasa si un día la mirás y no es la de antes? ¿Si su rostro, si su boca, si su beso saben a mentira? El tiempo pasará y ella y la gente. Y te vas a ir sabiendo que si amaste o no, no importa. Sus ojos nunca brillaron por ti.