11.4.08

Tiempo.

Supongo que esto de andar quejándome y cambiando y yéndome de vez en cuando a algún lugar (oh, Fito) no es del todo bueno. Al menos no es bueno para lo demás, o para mí, o para la realidad. O qué se yo, no sé qué es lo bueno. Pero sé que de alguna manera no debería estar haciendo esto, porque ni siquiera sé qué es. Si existe o no, si respira, si es. No sé si irme y no volver más, y no hablar más o dejar que el tiempo pase y vuelva a lo que fue. Aunque nunca fue nada, y eso es lo peor de todo. Que apenas es un engaño, eso de que pasa.


Y hoy no voy a inspirarme demasiado por el simple hecho de la acción en sí misma, y sin embargo tengo la extraña obligación de postear acá, como para descargarme un poco, apenas.

9.4.08

Fragmentos.

Y ahí es donde te beso en
el intento frustrado de hacerte mío,
y ahí es donde te salvo,
donde te ahogas,
donde perdés el sentido
ahí es
donde te encuentro.

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Sueño a tus espaldas,
creyéndote olvidado
y aún
me siento tuya.
Y tras cada anochecer,
siento el frío, siento algo,
y no sé si está bien,
no sé si estoy muriendo
pero me siento tuya.

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Y no voy a mentir
ni voy a hablar
porque este es solo
el principio del fin
y es un fin
que nunca termina.

6.4.08

Night rythmes.

Es la noche, y tiene esa magia. Las luces y el estado vivo de las cosas se apagan. Y de repente me veo sola en un mundo que es sólo mío, y es tan grande y es tan mío que no sé qué hacer con él. Me escondo en mí y veo que tal vez no sea tan mío como pienso, es sólo parte de ese conjunto de cosas demasiado explicables y demasiado inexplicables que es la realidad, es concreto, puedo tocarlo, puedo verlo. Es solo la oscuridad, el silencio, la soledad, y eso es tanto, tanto... y algo que me dice que ese momento es el único en el que me siento verdadera. En el que las luces no me delatan, los oídos apenas me escuchan y el tiempo es como aquello que está pero no importa, si puede un instante llenarme de eso que venía esperando durante los días, esa tranquilidad y esa libertad, la libertad de pensar lo que quiera, de sentarme y mirar a la nada, a vos, a lo que fui. A lo que la noche me cuenta, me susurra, disimulada. Y dice, alimenta ilusiones, me deja. Desata mis cadenas y puedo volar, sin importarme nada, si a ella no le importo en realidad, es sólo ese estado en el que me siento plena, en el que le grito al mundo que no soy ese rostro que ilumina el sol, si ese viento de las siete, ni ese calor. Soy esa, la noche, la magia, las horas que pasan y no quieren contármelo, la que no siente vergüenza de imaginarte a mi lado.

5.4.08

Volar.

Entregada a una especie de ilusión que me imposibilita toda oportunidad de actuar racionalmente. Como si algo me hubiera despegado los pies del suelo. ¿Y qué iba a hacer? Si estoy mejor aquí que en ese estúpido mundo donde apenas se respira y se saben definir las cosas, sólo se hacen y se dejan ir, o se observan apenas por unos segundos. Como si cada instante que se disfruta fuera una pérdida de tiempo. Y mientras tanta belleza tirada por la borda pasa por sobre sus narices, yo intento adivinar qué es esto que me hace tanto bien, sin siquiera sospechar que no existe ni tampoco intenta hacerlo.

4.4.08

¿Y esto?

En realidad es un poco de locura, un poco de irrealidad.
Qué inútil esto de pensar y decir y hacer y mirarte y volver a pensar y no sentir más y en ese el pensamiento es donde muere todo, donde perdés el sentido.
Y por eso no me quiero despertar más de esto que puede llamarse sueño, estupidez, ilusión, o simplemente, vos. Porque tal vez no sea más, ni menos, ni esas palabras que dice la gente y que ya están gastadas por faltar otras, no quiero eso. No quiero entregarme a la vida de querer o no querer, de amar o no amar, de besarte u odiarte. De pisar el suelo y realmente aplastarte en ese mismo instante.

1.4.08

Viejos tiempos.

Es como un secreto... un secreto que ni siquiera nosotros sabemos. Como si nos ocultáramos de nosotros mismos, como si no supiéramos qué es lo que de verdad pasa. Y por momentos no hace falta una explicación, solo ese instante, esa mirada, ese gesto, ese roce. Esa sensación de que esto no es igual a lo demás... que nos sentimos diferentes, que pasa algo diferente. Y no lo admitimos, o no lo vemos, o no lo creemos. Y nos perseguimos como dos niños, la casualidad, la complicidad, los choques y esa sensación de incomodidad, de bien estar, de mirar con otros ojos... de mirarte con otros ojos, y sentirte distinto, sentir que no sos el mundo. Sos otro, sos esos ojos lindos y tu cara triste, sos esa mentira, sos el disimular, el mentiroso. Sos quien no admite lo que pasa, el que tiene miedo, el que recuerda. El que también sabe que tiene otra vida atrás y se asusta... se asusta de lo que vendrá, de lo que está pasando, de lo que sentimos. Qué raro estar escribiendo todo esto, siento que tal vez mañana me despierte y me de cuenta de que no pasa nada, de que en realidad es una ilusión del corazón, de que no hay más que ver en una simple amistad con confianza, con una mirada, con algo... Algo que no debería hacerme sentir importante, después de todo tal vez el mundo sea así y soy yo la que intenta verlo de otra manera, en este intento desesperado de mirarte a los ojos una vez más.