- "cuando, en su estilo más precario
la verdad no predica en el desierto"
Osvaldo Lamborghinino sé si te hablé o te di una patada
en el plano de mi conciencia vos estuviste siempre pero
casi siempre en el plano anterioruna telaraña muy finita
que yo destejía sin querer y se recomponía sola
cuando me despertaba de pronto
un cuello ortopédico
con vos notenía contracturas
sólo me parecía a la versión mal traducida
de una chica que salta en películas de rohmer
y se cree tan linda como es o un poco menos
no importa
la belleza era de la telaraña detrás de mi cuello
y con eso puesto yo podía bailar sin que me aprobaran
el mundo era de hielo
una ciudad sitiada
un paraíso de cuya tierra salían ojos
con mis piesitos los aplastaba,
blancos
los de una judía tonta
después de entre todas las cosas que entiendo
entiendo muy poco y al revés, quiero decir
mi ansiedad me pone en un nivel tan acelerado de percepción
que no confío en ninguna impresión
y excepto vos
las cosas tienen un aspecto lánguido de impacto suave
la gente daría lo mismo que fuera arcángel
el pasto lo mismo que serpientes
le diste stop. no sé si hablé o te di una patada
es más probable de entre todo lo demás
que te hayas ido, pero no sé si porque te dije
algo del pelo
canté desafinado
se abrió la ventana
qué mierda tan grave
pudo ser que ahora estoy lisiada
nadie me alcanza la sopa
el cuello parece dormido: si lo tocaras tendrías descargas eléctricas
sentirías cómo miles de hormigas antes apretadas
viajan disparadas hasta tu cabezaoh, mártir, no
después no sé qué pasa
"cada uno en su lengua puede exponer recuerdos, inventar cuentos, emitir opiniones; a veces incluso adquiere un estilo hermoso, que le proporciona los medios adecuados y le convierte en un escritor valorado. pero cuando se trata de urgar por debajo de los cuentos, de hacer mella en las opiniones y de alcanzar las regiones sin memorias, cuando hay que destruir el yo, no basta con ser un "gran escritor", y los medios deben resultar siempre inadecuados, el estilo devenir en no estilo, la lengua libera una extranjera desconocida, para que uno alcance los límites del lenguaje y devenga otra cosa que escritor" Gilles Deleuze
17.4.13
rehabilit-arte
2.4.13
Doctora
Doctor, no puedo fumar. Al principio pensé que era una
cuestión climática: la densidad inusual en el aire, el agua impregnada a los
átomos de oxígeno. Pasaron las lluvias, vino el sol pleno, el calor justo para
disfrutar de unas buenas pitadas y sin embargo míreme, yo sin poder fumar, he
venido a verlo. Doy una pitada y el humo se me estanca en la garganta. Recuerdo
algunos momentos gloriosos en que me sentía una chimenea en que la circulación
del gas era casi poética, un conducto perfecto para que todo ingrese y sea
expulsado como es debido. Entonces me sentía en equilibrio, el acto me
demostraba que podía desarrollar una acción con buenos resultados, y luego iba
y hacía lo que se dice cosas productivas, por eso me ascendieron en el trabajo
y hasta estuve cerca de conseguir una pareja estable. Equilibré mis afectos,
comía de modo moderado y suficiente y caminaba cuadras y cuadras, pensando que
la recompensa de un cigarrillo era otra garantía de felicidad y que al final,
entonces, nada era tan grave, nunca. Eso, discúlpeme que se lo diga así, es mi
ideal de placer y salud, y milito la idea de que cada uno tiene el suyo y que
ustedes no puede aportar mucho con sus principios, simplemente porque son
principios individuales.
Ahora he venido, y le he pedido este sobreturno de urgencia,
porque paso media hora de mis días intentando en vano que el humo entre y salga
sin disturbios. Probé con respiraciones profundas, pensar en campos verdes con
conejos saltando entre los cardos, pensé en un hombre bello sentado a mi lado
que fuma conmigo y con el que hablamos del concepto de ficción o la relatividad
de la noción de justicia. Nada. Las consecuencias no tardaron en notarse. Se me
trastornó el sueño y no digiero los alimentos. Me convertí en lo que ustedes
llaman “una sedentaria”. Mire, mis manos están hinchadas y se me cae el pelo.
Ustedes, imagino, en estos tiempos, medican más para el estrés que para la
fiebre, dan más consejos amorosos que recetas, aprendieron un discurso casi
automático para las víctimas de esta enfermedad del nuevo milenio. No esté tan
serio, sonría: conmigo se ahorrará ese trabajo. Sólo debe darme, con paciencia
y consideración, las instrucciones para fumar de nuevo. Debe ser algo parecido
a los métodos de meditación zen, o al modo en que uno tiene que respirar para
que no duela tanto que nos quiten sangre. Sabido esto, me retiraré y si usted
acepta, le pagaré el doble. Y si al salir, mientras camine hacia mi casa y ya
tenga abrochado el abrigo, fumo un cigarrillo y en cada pitada siento el mismo
placer, y el acto no se convierte en una repetida frustración, si siento
entrar y salir el humo como si mi cuerpo fuera una chimenea sin agujeros ni
averíos, volveré para regalarle un kilo de manzanas (me compraré dos: uno
será para mí) y si quiere puedo darle un beso o hasta retribuirlo con favores
sexuales. No se preocupe, no me molestaría, es usted un hombre atractivo y,
sobre todo, es un hombre atractivo con título.
No le robo más su tiempo: sé que otros pacientes lo
necesitan igual que yo. Esperaré aquí, entonces, a que comience con el discurso.
Y prometo no hablar más y no contradecirlo, porque sé que eso a ustedes, aunque
no lo digan porque para eso se les paga, les molesta mucho. Hasta, se me
ocurre, además de las manzanas, puedo darle un cigarrillo: tiene usted esa
doble capa de piel en el rostro, esa secuela heroica de los hombres fumadores.
22.3.13
Teoría del no
Se alza, por ejemplo, una
pareja en simultáneo, ambos dirigen sus miradas hacia uno, parecen
volver de una experiencia placentera, o al menos compleja, que les movió
las entrañas de una manera que todavía no pueden definir con precisión,
pero algo en la situación los tiene reconfortados, vivos. Se acercan a
uno, se acercan al libro, dispuestos a invadir, y hablan. Si alguna vez
se pudo descifrar alguna palabra, si existía alguna conexión ligera con
el mundo, una posibilidad de comunicación, en ese momento se demuestra
que ya no, que es demasiado tarde. que esos sonidos que son una música
atonal y atolondrada no dejarán de tener esa forma fantasmal, a lo sumo
pintada de otro color, a veces rezumada con sensualidad o enojo, con
interrogación o sorpresa, pero en fin. Ellos hablan. Y parece que no se
callarán nunca. Habla uno, luego el otro, y en un momento final, hablan
los dos. Tanto que tienen que frenar para tomar aire. Después
de tomar aire liberan una risa que parece haber estado retenida durante
años, meses, una risa cínica, perversa, que en ese momento uno sólo
puede creer que se trata de uno, fue por tanto tiempo alimentada la
paranoia que sólo de uno se pueden estar riendo. Y no paran. Entonces uno se pregunta si no habrá cambiado la cara, si se habrá transformado en un
monstruo insoportablemente divertido, absurdo en sus gestos y su lugar
ridículo en el mundo.
Y no se soporta, digamos, la humillación, siquiera en ese momento, de tanta anestesia tras cargar durante tanto tiempo un peso que invisible se vuelve cada vez más grande, como una joroba que se triplica con la vejez y los achaques articulares. La posición estática adherida a los miembros perdió su capacidad de permanencia y sólo puede dejar que los músculos accionen, elásticos, espásticos, violentos, se manifiesten libremente y que las risas se tripliquen, bailen, no importa, saquen las tripas, no importa, un brazo, después otro, los dos brazos en el cesto, la sangre. las cosas parecen algo, se transforman en sujetos en sintonía con uno, y uno les sonríe y ellos responden con otra sonrisa, pero no se preocupa: es una gracia, no una burla. O eso parece, pero uno se mueve, y la sangre ajena casi ahoga, embriaga ese espacio que parecía lejos. Y no cabe interpretar.
Y no se soporta, digamos, la humillación, siquiera en ese momento, de tanta anestesia tras cargar durante tanto tiempo un peso que invisible se vuelve cada vez más grande, como una joroba que se triplica con la vejez y los achaques articulares. La posición estática adherida a los miembros perdió su capacidad de permanencia y sólo puede dejar que los músculos accionen, elásticos, espásticos, violentos, se manifiesten libremente y que las risas se tripliquen, bailen, no importa, saquen las tripas, no importa, un brazo, después otro, los dos brazos en el cesto, la sangre. las cosas parecen algo, se transforman en sujetos en sintonía con uno, y uno les sonríe y ellos responden con otra sonrisa, pero no se preocupa: es una gracia, no una burla. O eso parece, pero uno se mueve, y la sangre ajena casi ahoga, embriaga ese espacio que parecía lejos. Y no cabe interpretar.
15.3.13
pintor poesía nerviosa
un plano sobre otro plano sobre otro plano
y no es por repetición
poética,es porque la estética
así lo exige
una disposición visual de las importancias.
nunca milité la idea del orden de los sentidos
creo más bien en una aparición caótica de los estímulos
o si se quiere arbitraria, o si se quiere, azarosa,
lo mismo, el punto es que no creo en esa noción absoluta y limitante
de que lo que muestro es lo primero y después llega lo otro,
siempre relegado.
en mi persona sí, en mi cuerpo
por eso visto bien y combino los colores,
y si estoy de ánimo camino derecho
y hasta me arreglo el pelo
y hasta sonrío unos segundos después de decir algo amable
- no antes porque parezco maniático -
pero en el producto, es otra cosa.
el plano principal siempre será el menos importante
probablemente una mancha como de test psicológico
un punto en una esquina
una línea cruzada por otra línea
ambas irregulares
después vendrá el de relevancia relativa
que yo mismo soy incapaz de determinar
por ejemplo un alimento,
o una mujer desnuda,
o un niño devorando un pescado
aquello que no tiene valor por sí mismo
independiente, real
que depende del ojo, ya sabrán
y al final
el cielo
la tierra
las luces del crepúsculo.
todo lo absoluto, todo lo abarcativo, todo lo que enmarca
viene detrás.
manejarse en planos es curioso y nadie lo exige
se pretende más bien una síntesis del estímulo
que todo lo diga y represente en un instante y al mismo tiempo
yo que creo que el estímulo viene así, por separado
separo también las imágenes
para que jueguen en los ojos, y si bien calmadas en el lienzo
que en en el otro sean caos, fatiga, alucinación
en fin
que luego de la partida
ya sabrán
- no, esto no es fuente de saber -
ya verán
qué pasa con sus manías, con sus confabulados órdenes.
y no es por repetición
poética,es porque la estética
así lo exige
una disposición visual de las importancias.
nunca milité la idea del orden de los sentidos
creo más bien en una aparición caótica de los estímulos
o si se quiere arbitraria, o si se quiere, azarosa,
lo mismo, el punto es que no creo en esa noción absoluta y limitante
de que lo que muestro es lo primero y después llega lo otro,
siempre relegado.
en mi persona sí, en mi cuerpo
por eso visto bien y combino los colores,
y si estoy de ánimo camino derecho
y hasta me arreglo el pelo
y hasta sonrío unos segundos después de decir algo amable
- no antes porque parezco maniático -
pero en el producto, es otra cosa.
el plano principal siempre será el menos importante
probablemente una mancha como de test psicológico
un punto en una esquina
una línea cruzada por otra línea
ambas irregulares
después vendrá el de relevancia relativa
que yo mismo soy incapaz de determinar
por ejemplo un alimento,
o una mujer desnuda,
o un niño devorando un pescado
aquello que no tiene valor por sí mismo
independiente, real
que depende del ojo, ya sabrán
y al final
el cielo
la tierra
las luces del crepúsculo.
todo lo absoluto, todo lo abarcativo, todo lo que enmarca
viene detrás.
manejarse en planos es curioso y nadie lo exige
se pretende más bien una síntesis del estímulo
que todo lo diga y represente en un instante y al mismo tiempo
yo que creo que el estímulo viene así, por separado
separo también las imágenes
para que jueguen en los ojos, y si bien calmadas en el lienzo
que en en el otro sean caos, fatiga, alucinación
en fin
que luego de la partida
ya sabrán
- no, esto no es fuente de saber -
ya verán
qué pasa con sus manías, con sus confabulados órdenes.
13.3.13
Vi al desperdicio en todas sus formas:
su figura de pájaro dorado
que vuela en vela
sobre sueños artificiales.
los sueños de la vida, después
están los otros
en los sueños íntimos el
desperdicio se contorsiona en contornos
fluorecentes
y sabe los recovecos, las grietas,
las salidas
y juega sin restricción, sin
desvanecerse, cómo decirlo
sin desembarazar nunca su nombre,
y se parece, qué lastima, a una
pesadilla.
despierta, el sueño hondo, y no se
despereza
es disipación dudosa, como la
alucinación de la embriaguez
y uno apenas abre los ojos
vuelve a soñar, porque el cuerpo
no puede,
quiere, se tensiona, pero no sabe
dejarlo:
la tentación mortal del cigarrillo
la necesidad compulsiva de los vicios
y después, el sueño de colores
que sí tiene nombre, que sí tiene
forma
y todas sus salidas están a la vista
y todos sus propósitos son claros.
5.3.13
director poesía nerviosa
Falta algo en esta escena, no sé, no puedo definirlo
Desenfoquen, difuminen, oculten, digamos, hagan algo
Es torpe y no lo creo
Una escena no puede ser torpe
Es o no es, como el cielo, como yo, me ven
Soy un hombre sentado en una silla,
Pero esa no es una pelea callejera, sí en el sentido
Estricto, es decir
El sentido de la vista la
registra y me convence
Pero algo me pica, me incomoda y
hace que mis músculos
Se pongan tensos, porque lo que
veo
No es una pelea callejera
Y que lo sea me llena de un
espanto mortal
Hagan algo, suban la música,
llénenme de drogas
No estoy preparado psíquicamente
para asumir las contradicciones
Que yo mismo produzco y de
las que no puedo escapar
Un lupus, esta escena es
Un lupus, y sería mejor
que así fuera:
Dos hombres se pelean
porque están enfermos
y de estar enfermos mueren
nadie los mata
eso no lo dice la vista,
lo digo yo que para eso
soy este hombre sentado en
una silla.
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