20.5.13

una de las posibles explicaciones para algunas cosas que nos pasan ahora





en la elección de la zapatilla uno frunce los ojos como tomates secos, 
se embadurna en la duda mas sonsa 
y permanece inmóvil ante un torrente de posibilidades.



                    los modelos parecen bebes en un centro de adopción o cosa parecida, y de acuerdo a rasgos innatos, a características particulares, debe uno elegir el que mejor encaja




si el pensamiento antecede a la intuición, la zapatilla elegida tiene solo una particularidad. es la más barata, o la más linda, o la de aspecto más cómodo.



si el pensamiento antecede a la intuición, el niño elegido tiene solo una particularidad. es el más delgado, el más blanco, el más inmóvil.



pero puede que no. 




puede pasar que en un arrebato del inconciente los ojos se claven en un solo par de zapatillas 
es como decir en un solo par de manos balanceándose dulcemente en el aire y una cadera inflada que parece encallada en su cama y limitar esta sensación a la definición

a la palabra enamoramiento, 
aunque en caso de las dichas zapatillas la llamaremos obsesión


porque hasta yo me ofendería si leyera que se llama igual lo que nos produce el cuero que la piel pura de un recién nacido.


y si lo que fuera que se llame, nos asalta el alma y hasta eriza nuestra piel y nos da palpitaciones, nos frena el flujo del aire
                     y la sangre, es decir, nos atasca en nuestra postura
 antes tan inquieta, y decimos para adentro, y si estamos solos sólo sonreímos: es esta, pasa que


la intuición antecede al pensamiento, como si el objeto/niño a poseer tuviera una conexión con nuestro chi, nuestros circuitos más ocultos.



y la zapatilla elegida no tiene ni una sola particularidad: cuando la gente la ve
casi no la ve

y el bebe elegido no tiene ni una sola particularidad: se integra al grupo
de los otros bebes bellos pero por bebes, no por ellos.



y con esto no quiero parodiar con arrogancia a la rosa del Principito por elementos más accesibles o menos cursis, 
/porque tiene ya su lugar en el inconsciente colectivo
en la literatura universal
y en el book de educación de niños bien modelados/
quiero decir
la gente elije las zapatillas y los bebes es cierto
pero las rosas no
las rosas son todas iguales
y aunque uno crea que el pensamiento
no antecede a la acción y picotee las espinas para comprobar cuál tiene menos


pierde el tiempo



los objetos a elegir
evolucionan







la gente no.

1 comentario:

Carolina Bugnone / Marta Pardo dijo...

entre la ilusión de que elegimos algo, y el derecho a creer en la ilusión de que elegimos. ahí, justo ahí, esta este poema. te leo.