5.12.11

la tarde

Si no vas a tirar todo lo que escribiste, pulilo.

Pensá que sos un carpintero: hiciste un montón de sillas a medias. A algunas les falta una pata pero están pintadas, las otras están enteras pero sucias, o son demasiado feas pero con buena estructura. Una encima de la otra, no se conectan, no hay un concepto, una razón, no hay una casa donde vayan a estar, un restaurante, una plaza, la sala de espera de un hospital, nada, duermen con vos todos los días, parecen gatos muertos, peor, nunca estuvieron vivas, pobres sillas. No te dan lástima, Paula, tan solas, tan inconclusas, tan despojadas de una funcionalidad, todavía con la esperanza de ser como las grandes sillas de la realeza, quieren guardar los culos de reyes poderosos, de presidentes millonarios, o quizás otras prefieran niñitos con harapos, o gordas con trapos sucios que descansan con un cigarrillo entre los dedos hinchados, cada una tendrá sus ambiciones, sus deseos de princesa, sus pretensiones y sus inseguridades. Se parecen a los hijos descuidados que la gente da en adopción, sólo que para vos tus sillas son tan hermosas, y sos tan insulsa y orgullosa que no te animás a dejarlas en libertad, entonces las retenés mientras sufren, se pudren y degeneran, tienen novios malos y drogadictos que les hacen nacer ojeras y arrugas, las invitan a los vicios y al sexo sin protección, tienen enfermedades venéreas y mortales, o adoran cortarse las venas con cuchillos de manteca para darle de beber la sangre al gato. Algunas son homosexuales y tienen remeras de bandas que les quedan cortas, unas rubias, otras morochas, pero eso sí, todas inconclusas, las sillas, las pobres sillas. Llegará también el día de su muerte, iguales, rotas, sin pintar, sin piernas, con la pintura descascarada y el barniz sangrante, sin el desenlace elegido, será otro, el impuesto por el tiempo, el mismo fin de los mortales, que si no se suicidan, si no los pisa un auto, si no se mueren de amor - como vos querés, en el fondo, que tus hijas mueran - perecen solos en el simple momento de no respirar, se les ablandan las manos, los ojos se voltean, la sangre se congela, los músculos se relajan, y adiós.

Ojalá tus hijas tengan un final así, tan trágico y terrible, tan parecido al de todos algún día pero sin embargo develador, una luz celeste, nada, es como todos, vas a pensar, y eso que ahora las sillas están en el cuarto, les da la luz concreta de la tarde, la madera iluminada te invita: lustrame, contorneame, limame, lanzame, aniquilame con un cuchillo, agujereame, no te duermas, porque te estás durmiendo, regalás la imagen de tu muerte, Paula, si tenés sillas ahí, como tantos otros quisieran tener, sillas, para venderlas y mostrar tu talento, viajar por el mundo con ellas en una camioneta, repartirlas a los embajadores, a los diputados, a los pobres marginales, a los pacientes de los psiquiátricos, a los ancianos con andadores que no puedan cruzar la plaza, Paula, la gran estrella mundial, cotiza sus sillas en euros y en dólares, candidata al premio Nobel el año entrante, miren sus sillas, tan turgentes, tan brillosas, tan maravillosamente terminadas, relucen en las calles de San Francisco, de París, de Venecia, de Lisboa, de La Habana, todas las comunidades la aplauden, la veneran, sus sillas unen culturas de todo el mundo, y ella lleva un largo vestido blanco y tiene su silla preferida en el regazo, la última, dice que la próxima saldrá dentro de dos meses, aguarden con ansias su llegada, es para la ansiedad, para que recuperemos la relajación perdida en estos tiempos, es acolchonada, roja y reclinable, perfectamente acabada, quien se siente en esta silla, dice Paula, no pretenderá otra satisfacción en la vida, sonríe, saluda con las manos y todos aplauden mientras balbucean entre sus abanicos, qué talento, qué mujer.

Y vos con tu silla en las piernas, como están todas ahora pero en vos, imaginalas, despiertas después de este largo sueño como si fueran enfermos que es preferible que descansen porque despiertos son un problema para la familia y los trabajadores del hospital, si tuvieras las herramientas, su pudieras estirar un poco el brazo, así encontrarías los pinceles, las pinzas, los punzones, los martillos, lo que sea estaría bien, tardes de encierro, ahí arriba, dibujando los detalles, descartando las maderas podridas, pero después vendrá el éxito, en constante subida, ya sabés, estrellas en la cabeza, peinados ominosos, primeras tapas en revistas y el dinero saliéndote por los poros, por las orejas, y las sillas, tan solas ahora, donde estén, bueno, donde las mandes cuando despierten, pobres sillas, tan sobre las sombras, qué futuro les espera, ya verán, ahora tranquilas

duerman.

13.11.11

el pedido 1

Hace años que intento escribir una novela, a pesar de que su elaboración me parezca, de por sí, un trabajo vano, demasiado realizado a lo largo de la historia y que, por otro lado, me sería imposible concretar en mis circunstancias actuales - convivencia con personas ruidosas, bloqueo mental para la creatividad y exceso de trabajo diario, está bien que son excusas, razones buscadas en el exterior, pero razones al fin, puedo decirte - y como esta falta de posibilidad para hacerla me encierra en una depresión especialmente a altas horas de la madrugada, es decir ahora, cuando mi pulso conserva un cigarrillo entre mis manos y la noche me regala una soledad desacostumbrada y evidentemente casual, y los autos pasan en su pulsión acelerada para recordarme mi inmovilidad, te escribo con el sencillo y banal objetivo de que me cantes, sin ningún tipo de prejuicio ni elaboración previa, un argumento posible. Entiendo que elaborarlo no es sólo cuestión de imaginación infantil - cosa que, por otro lado, he perdido - sino de una noción de las necesidades narrativas y estilísticas, que requiere trabajos y estudios de cátedra, amplios conocimientos sobre las elaboraciones novelísticas anteriores y una originalidad inusual en estos tiempos en que todo parece ya hecho por manos que placen enterradas bajo nuestros pies hambrientos de nuevas ideas.

No voy a plantearte condiciones para que una tarde, con los ojos desorbitados y los dedos temblándote de ansiedad, te sientes en tu silla de algarrobo, frente a tus papeles viejos, frente a tu pantalla blanca, a escupirme una sinopsis perfecta de lo que será, dentro de unos años, la novela del siglo, aunque sea olvidada en el siglo siguiente, o juzgada con desgano como la mejor novela de la primera mitad del siglo veinte, cosa que, todos sabemos, no significa nada más que el hecho de que seré mejor que mis contemporáneos, y eso no me estimula gran cosa. Sino que te exijo una capacidad de la que carezco, como se le exige a un amor todas las virtudes de las que uno prescinde. Escapate de los lugares habituales, no necesariamente de una manera física, y contraé tu musculatura hasta no tener noción de ella. Lo mismo con los sentidos y con las articulaciones. Sentite, en sentido figurativo, como una estatua observando superior el mundo cubierto de musgos y débiles gusanos, apreciando con ojo preciso todos sus bericuetos, sus interrelaciones, las luces celestes que brotan en los cortocircuitos, las conexiones perfectas entre las especies animales, y extraé como una bruja extrae de entre una mezcla de cabellos y sangre, una metáfora deliciosa de la existencia en la tierra. No es este un trabajo que nadie haya realizado antes: probablemente todos los escritores de grandes novelas lo han hecho. Y por eso confío en que no será para vos más que un trabajo que, sabiendo que ha tenido buenos resultados, realices con gran relajación en tu mente, a pesar de todas las tensiones que te solicité, y que sé que sabrás perpetrar con detallada perfección.

Espero que comprendas la gravedad de mi momento, que por otro lado, a simple vista, no demuestra grandes dificultades - mi calidad de vida es, naturalmente, casi absoluta, en términos de lo que se determina en las estadísticas - pero que, paralelamente, encierra un trasfondo torturador y monstruoso. Mi vacío creativo es una bestia negra que surge desde el fondo

de un pozo, en las mañanas soleadas, en las tardes roncas, para recordarme la tragedia de mi vida sola, de mi muerte inevitable, de mi falta de capacidad para llevar a cabo cualquier acción que pretenda mi inmortalidad. Te veo leyendo mis palabras con tu paciencia exhuberante, con tu aire altanero y soñador entre el humo de tu tabaco oscuro, y casi lloro al imaginar tu pensamiento trabajando en la historia al mismo compás que mis palabras. Somos dos creadores innatos cuya capacidad de creación ha nacido incompleta: basta esta carta para demostrarlo. Solicito la imagen de tu mano surgiendo desde las olas torrentosas de un río cuya corriente rápida vuelve a la catarata un destino inminente, el beso de tus labios secos sobre las mías, en casi completa proporción, torcidas entre las hojas en blanco.

Esperaré tu argumento, mis rodillas temblarán delante de la puerta, y alzaré los ojos cuando oiga el sonido de tu carta cayendo en la puerta de mi casa. Ya que los medios de comunicación actuales no te son cómodos, aceptaré la tardanza intentando mientras tanto crear mi propio argumento, sólo para demostrar que siempre vas a terminar siendo vos el maestro de la creación, y yo una simple empleada de tus pretensiones de éxito, a pesar de que en este momento, mientras me lloran los ojos antes de las últimas palabras, sienta que serás el esclavo más correctamente persuadido y eficaz que algún burgués haya pretendido en la tierra.

17.10.11

Un libro sobre todas ellas


Pronto estaré sorda… Qué es semejante asunto? Una persona cualquiera que queda sorda en un lugar cualquiera. Un cangrejo cualquiera bebe un agua cualquiera y de pronto se intoxica. ¿Alguien lo ha visto vivir alguna vez? ¿Sufrir con otras aguas menos turbias, sobrevivir como los hombres que alguien recuerda que sobrevivieron? Hay un sol eterno sobre las nubes, y los sonidos míos enmudecen. La palabra es, para mí, un susurro que las voces apenas pueden contener, pero ya no voluntario, ya no expulsor, ya las palabras son puntos en el aire. Pestes flotantes a mi alrededor sombrío. Y todo lo que escuché, ¿en qué cueva alguien lo guardará? ¿Escribiré un libro sobre todas ellas, afirmando que es sobre otras, y por esa afirmación detendré el progresivo desarrollo de mi sordera? Premiénme con trofeos aún no oxidados; bésenme las manos tibias, con otros labios tibios en la noche. Búsquenme sobre los escombros de una construcción. Tengo los deseos débiles, las lluvias sobre mis ojos, el futuro pedaleando a favor del viento y cayendo en cascada antes del fin de la tempestad. Tengo el rostro de un gusano que escarba sobre la tierra de los muertos, que los vivos pisan ignorantes. Llevo a mis espaldas los secretos de la tierra – son este dolor sobre las sienes, que siempre curo con drogas de buena recomendación -. El progreso de mi enfermedad no es prolongado: todos ya sufrimos hoy la enfermedad de la que moriremos. Mi sordera sabe a escarcha sobre el cuerpo que amé y ya no. A verdad cantada a todos los vientos del oído multitudinario – ellos la oyen como a una devastadora noticia sobre muertos y maldiciones – bailando entre los vestidos de las mujeres solas. Los hombres las acompanan con un sarandeo de primera clase, muy bien visto, felicitado con flores rojas entre su pelo negro. Qué bien se posan todos para mi última foto. Ya recuerdo sus posiciones para la eternidad, ya sé de su imposible compañía, de las palabras que quisieron articular delante de mis ojos. No leo los labios, no reconozco las variaciones, todo movimiento es movimiento, no mensaje, aún oír es una aventura de otra dimensión, un goce que disfruto con la mirada posada en un poste, todos los sentidos apagados, todas las incertidumbres archivadas dentro de otras incertidumbres de grueso calibre.





Olvidé el zumbido del viento entre las hojas, ¿importa acaso recordar lo que se percibe en un segundo? Alguien me amó y yo escuché su palabra como a la de un enviado desde mí misma para develarme todos los secretos de la inmortalidad. Ya es silencio esta sala blanca. No sé si algo está cantando, si chillan las sirenas de incendio. No muevan los labios en señal de desamparo: yo soy toda desamparo y acá me tengo. Rota, sombra, malherida, cargo un arma asesina entre mis labios secos. Soy sobre todo una tormenta mal esperada, en mí se pudre el musgo de las piedras, desde mí un mensaje que alguien oirá distinto, cuando ya a todos los ataque su propia enfermedad. Mi sordera, su soledad, su avaricia, su desconsuelo, ese rostro penetrándoles la frente sobre la almohada. Ya no rostro, ya no música puliéndome las horas, todo susurro intermitente, sábanas blancas apenas sobre el cuerpo, pestañas abiertas al silencio impostado

23.9.11

sábado

mañana es sábado. los sábados son días de monopatines: todos salen por todos lados con sus monopatines, me dijo, mientras masticaba un escarbadientes con los colmillos, cosa que lo convertía en un mutante, un asesino que estaba saboreando mis pestañas a través de su saliva pastosa



los monopatines son ruedas, eso es lo curioso, nadie es sino dos ruedas que giran sobre la calle, y se traban a cada paso con baldosas mojadas o, en la mayor parte de los casos, con las mismas irregularidades de las baldosas: nadie construyó el mundo con el objetivo de que uno lo ande, decía antes de tararear una melodía de dulce entonación y siniestro sentimentalismo los que lo construyeron eran también los que andan, escupí un trozo de cartón sin conocer su verdadero origen, si había estado oculto en la comida que había ingerido minutos antes, o se había escapado de un bolo de días atrás, que me estaba dificultando desde hacía días la respiración - hubiera muerto




su boca se torció torpemente, su tez se tornó blanca, su brazo me acarició la mejilla con una ternura que nadie me había manifestado desde mis primeros años, y anduvo entre mis manos como una melodía que intento exteriorizar entre las teclas de un piano, me transformé en el pequeño ser que canta las canciones sobre la muerte y el desprecio de los hombres




como un monopatín andando sobre sus ruedas, usted es un animal carnívoro, y aún no conoce más que su propia carne. eso es la juventud, y baldeó sus pómulos con el agua eterna de todos los manantiales de su cabeza torcida por el gesto forzoso de la mordedura

18.9.11

el trabajo

Desde que las máquinas dominaron mi cabeza hay un ajetreo constante de pensamientos que no apaciguan el correr de las palabras: son, ahora, un torbellino incansable y siniestro que por las noches parece vengarse de mi abandono, y me pica la espalda como enormes pulgas, y deja correr en mí las ideas fascinantes, que me darían después un resultado real del que ellas estarían desligadas. Las palabras antes eran desprendimientos de todos mis sistemas: eran productos y fabricadoras, tejían los nudos de mi garganta, apaleaban mis brazos en los que más tarde encontraba moretones sospechosos, remaban con sus manos grandes en el río de mi inconciencia, eran ellas sin mí pobres criaturas abandonadas, cuando por casualidad las olvidaba al beber café y enamorarme de un hombre cuyo rostro era parecido a la luna en la noche en que amaba a otro.



Al despertar, obedezco a una sucesión de acciones que a mi cuerpo le resultan prácticas y convenientes. No atravieso graves obstáculos, ni me miro al espejo demasiado seguido - por el riesgo inminente de encontrarme con un rostro distinto, una prolongación de las ojeras, un grano inoportuno antes de un encuentro formal - ni consumo mezclas de alimentos que puedan revolver mi estómago e impedirme concretar después el resto de las acciones que mi cuerpo debe encarnar con una obediencia de la que me creía incapaz. Cerebro y cuerpo están desfasados: pertenecen, cuando toman conciencia de sí mismos, a sintonías tan dispares, a preceptos tan opuestos, que un encuentro entre ellos significaría un colapso psíquico. Por eso parece lo más conveniente mantenerlos en puestos diferentes de trabajo. Lugares separados, espalda contra espalda, y, sobre todo, procurar que jamás compartan el momento de descanso.




Mi mente está en un estado crítico, en el que apenas reacciona a los estímulos, y responde muy bien a todo proceso uniforme: basta realizar una acción bien enseñada para obtener el resultado que pretende cierta superficie de la tierra. Su satisfacción es para mí una sensación nueva, y se parece al placer que uno siente al dormir durante muchas horas sin haber sentido antes el mínimo cansancio. Miembros entumecidos, descontrol de los pensamientos, y un deterioro estrepitoso de toda tendencia revolucionaria.




Las palabras vuelven a querer ser nombradas: yo no escribo para nadie, porque ejercen tanta presión sobre mis hombros inclinados, que me esclavicé a ellas de la misma manera en que automatizo mis manos para producir todo aquello que se me escapa: las palabras y las máquinas convirtieron mis horas de sueño en el infierno monstruoso del que me desespero de huir como una niña apresada en un cuarto pequeño. Mi cuerpo y mi mente se encuentran, son bestias que se pelean con grandes sablazos y tienen en la mente estalactitas, y tienen en los ojos un destello de luz azul que ampara sus pómulos abultados. Batallan durante horas en un campo desolado, y siempre despierto antes de que mi cuerpo caiga muerto en el pasto húmedo, como si mi mente se compadeciera de él y me obligara a regresarlo a la paz de su inconciencia, al paso unánime de sus días dormidos.




5.9.11

Fiesta Psicofango!

SkABIO, MÚSICA Y LECTURAS!
sábado 10 de septiembre
21hs. PUNTUAL!!!
en Espacio la Bicicleta (Mar del Plata)

invitación abierta!!!
Bono contribución $5.-


Música en vivo ---> Leaving Moscú
http://www.facebook.com/leavingmoscu

Fotografías ---> Mara Sosti
http://www.fotografiasmarasosti.blogspot.com/


Expone y (en una de esas) dibuja ---> Maria Alejandra Estifique
http://www.estifique.blogspot.com/


LOS LECTORES:

Martín Zariello
http://ilcorvino.blogspot.com/

Alejo Salem
http://alejosalem.wordpress.com/

Nicolás Pedretti
http://tengounlinyerabajolacama.blogspot.com/

Gabriela Cancellaro (Bs. As.)
http://noentiendonada.wordpress.com/

Maximiliano Provenzani (Bs. As.)
http://cuentochino.wordpress.com/

Gonzalo Viñao
http://costanegra.blogspot.com/

Paula Fernandez Vega
http://divaguesdiarios.blogspot.com/

Carolina Bugnone
http://lasletrasynosotrosoque.blogspot.com/

Gastón Dominguez
http://gastondominguezanriquez.blogspot.com/

Ana Luz Mazza
http://analuzpalabras.blogspot.com/

Mariana Garrido
http://borronyversonuevo.blogspot.com/

Lucía Giacondino
http://porlacausaaultranza.blogspot.com/

Pablo Roset (Bs. As.)
http://anecdos.wordpress.com/

y otros!!!



(También festejamos el cumpleaños de Alejo Salem, pero es una sorpresa...)

27.8.11

el (sapo)

el (sapo) se complace con morderle una a una las encarnaduras de las uñas, es pus florecido de las orejas, y el reflejo taxativo de las viejas añoranzas, para mutarlas en su propia



pretensión - una cercanía lo suficientemente tranquilizadora para arar el terreno de manera efectiva, ni clandestina, ni elocuente, ni sobradora, una maniobra mágica de sonrisas y complicidades a la hora de la cena


el (sapo) es un orgullo familiar, la pasión exteriorizada por los ancestros, el deseo inagotable de parecerse a sí mismo. reflejo estallado, goteado en sangre, levemente catapultado en sus entrañas, el (sapo) desencarna su prodedumbre para machacarla en sutiles golpeteos en los bordes. secreción de la grasa, primeros jugos: el beso que ambos recuerdan pero ninguno nombra, el candor que ataca las partes más vulnerables de los nervios, que estalla entre sus miradas un sinsabor de angustia



y malvenciones, el disimulado brillo a la hora del saludo, el abrazo cordial suscitado de las fechas festivas: las actuaciones decoradas con suaves lazos rojos. el amor


específico y prohibido, una lombriz zarandeando su débil cuerpo por entre los caminos más empolvados de su vínculo


(sapo), no desencaja ni corresponde. es parte incompleta y salvaje de uno mismo. como aquello que responde ante el espejo cuando las drogas ya han surtido efecto en los sentidos: una distorsión desencontrada de los más horribles intersticios de mi inconciente. usted no lo conoce, el (sapo) es un anónimo que envía una carta hasta su puerta, y lo hace sentir privilegiado.


por eso, más en sí mismo, el (sapo) llora entre sábanas agujereadas por cigarrillos encendidos y llama compulsivamente a nombres que encuentra para olvidar su soledad. el (sapo) responde con somnolientos balbuceos, disimulando el orgullo que le representa ser elegido para suplantar abandonos. es eso, entonces, él, fiel (sapo) que todo lo completa: un verde oasis apenas alcanzable, que se reparte en pequeñas dosis por medio de diferentes partes del cuerpo - una por cada vez - y con terribles efectos secundarios

9.8.11

los parásitos

Los parásitos pululan entre las derrotas como los cerdos que, agonizando, buscan asirse a la menor esperanza de vida: un leve rayo de sol entre las piedras, el chillido libertario de un ave. A cada paso quizá inconsecuentemente vomitan el fulgor de las sombras: acaso no todos son un poco su pasado, y ellos la proyección de sus partes más temibles.


Para despertar sus monstruos criaron en días programados y fuera de toda sospecha, un proyecto maldito: desde el sonido que se siembra en sus adormecidas cabezas, despegar una peste que infecte todos sus preceptos, rutinas memorizadas, costumbres inconcientes y deseos impuestos. Es una brisa sutil de altísima frecuencia: un martillazo imprevisto que aprende a inspeccionar todos los rincones de las mentes, y las desgasta con una enfermedad lenta, irreversible y terminal. Se adhieren los extraños parásitos dorados, que se camuflan según el sector que se les asigne, y devoran con pasión, en principio, las superficies. Las palabras allí impuestas son blandas, dóciles como pegatinas colgando en un vidrio húmedo. Por eso infectarlas es un trabajo incluso placentero: los parásitos las succionan y las reemplazan por copias casi idénticas; sólo invierten el orden de dos letras en cada una. Las mentes más insulsas, ajobachadas ya por los años u otras intervenciones temibles, no percibirán el cambio, pero eso sólo agravará y extenderá el proceso. Resulta preferible el espasmo, la fiebre galopando que, exótica, los acechará sin tregua – algo raro perturba mi mente, no recuerdo las palabras, el sol ya no es sol para mis ojos, mi padre acaso cualquier otra cosa, un banco donde un perro quiere morir, el secreto de las abejas, todas las posibilidades eternas – y les quitará el hambre a pesar de la exigencia gritona del resto de los sistemas del organismo. Los parásitos dominan las voluntades en la primera etapa, amordazando de pies y manos sus libres conciencias, para que el resto del trabajo, más arduo físicamente, con mayor exigencia de tiempo y paciencia, resulte más sencillo en términos de enfrentamiento entre las mentes y los pequeños e invisibles invasores.



Detrás de la ya mordida superficie, que para ese momento tiene un aspecto corroído, de cueva que ya nadie visita, un juguete olvidado de un niño que alguna vez sintió curiosidad por probar sus dientes, se esconde el intocable sector de lo indecible. Las palabras no permanecen ya como membranas para proteger las ideas, sino que son las ideas mismas y por eso no poseen en verdad corporeidad alguna. Toman las formas que representan y dentro de sus límites físicos se combinan de maneras tan rebuscadas e inmediatas, que los parásitos deben unirse para planear el ataque, que únicamente es posible en conjunto, a través de una estrategia dictada, con la consideración de todas las potenciales adversidades. Por eso los más grandes atacan por los costados: ven si acaso las ideas sobre el mundo se combinan accidentalmente con las del precio del pan, de modo que se debiliten completamente y puedan ser aniquiladas sin problema. Los pequeños, en cambio, más brillosos y bellos, con su porte ancestral y elocuente, rodean los alrededores distrayendo las amenazas de las voces externas, que son las más peligrosas puesto que ingresan a la mente de un modo directo, sin filtro alguno de las nociones previas – y ahora tampoco de las palabras superficiales -. En caso de que alguna pueda penetrar sin aviso, estos parásitos preciosos se ocupan de convencerla de su idiotez, para que salga corriendo y acaso se entristezca tanto que nunca vuelva a hablar con nadie. En principio resulta difícil atrapar las ideas encasilladas puesto que desde que nacieron aprendieron la táctica para huir de las amenazas: se guardan a sí mismas, se defienden de un modo audaz, se complementan hasta formar grandes barreras que confunden, desconciertan y destruyen a los contrincantes hasta aniquilarles por completo las defensas. Los parásitos son capaces de penetrar entre sus intersticios: aquellos que dejan para que las ideas se aireen y no mueran producto de su propia asfixia. Atentos a su aparición, se camuflan, dentro de ellos, y esperan un movimiento para clavarles sus grandes colmillos en la espalda. Son tan grandes estas ideas, que su debilidad es la caída de otras tantas. Basta con asesinar tres para que todo el imperio acabe, acaso, en brazos de los diminutos seres colados sin aviso entre sus costumbres.


Una vez que los parásitos encuentran un lugar donde yacer, en sus mentes ya ensombrecidas, envueltas en polvo y telarañas, capaces de desprender cualquier cosa de cualquier parte, fabrican el principal producto con paciencia de chinos. Crean los cimientos con una larga y preciosa introducción, que distrae del objetivo y a la vez convence de que no hay otra opción que seguir leyendo. Luego, levantan grandes ladrillos de lisérgicas metáforas, argumentos creíbles, imágenes forzadas para que la mente fabrique su propio paraíso de sueños: los parásitos crean la casa donde la mente vivirá, ella elegirá cómo vivir. Acaso ha sucedido que muchas la destruyeron, cerrando fuertemente los párpados y mordiéndose los dientes. En tal caso, el eco del silencio retumba en su cabeza hasta que la voz externa, ya tan temible y nombrada, logra llenar el vacío que ellos mismos se han generado. El texto no es indestructible, parece un muro de crema que sólo momentáneamente se encuentra a punto: en el fondo de su maldad inconciente, los parásitos confían en el portador de él, en caso contrario quizás no hubieran intentado penetrar en sus más oscuros rincones. Y las palabras que apilaron con afanosa paciencia, las hubieran utilizado en forma de discurso para convencer a miles, porque nadie mejor que ellos sabe el carácter fantásticamente efectivo del griterío agobiante.

3.8.11

el legado - 1

encontré mi nombre tallado en una piedra, la sombra le apuntaba en la esquina derecha, si es que tenía esquina, si es que era una piedra. el nombre mío tallado en una piedra.

el clima está temblando sobre sus espaldas, tenga cuidado de no dormirse en los laureles de la desidiosa tarde. en ese sol pleno sobre los ojos, en el engañoso candor de sus rayos perpendiculares, y menos en el movimiento de una blusa fugaz tras un siniestro golpe del sueño sobre sus párpados cerrados


hallé las letras de mi nombre talladas en una piedra. es decir, una sucedía a la otra, en el correcto orden, ni siquiera al revés, y en conjunto eran leídas como tal: mi nombre. como el que tienen tantas otras mujeres, con las que sólo comparto la increíble particularidad de ser llamadas igual. insultadas igual, lloradas igual, escritas igual, queridas igual, talladas igual en todas las piedras de miles de paisajes tardíos, donde los pies mojados se ensangrientan igual tras pisar filosos retazos de botellas.


la temperatura que aumenta desde su cabeza hacia abajo, mientras toma sol plácidamente en el sospechoso jardín de un hotel, es una clara indicación de que está pronta a desmayarse. apártese a la sombra, siéntese en el tronco de un árbol y beba abundante agua, hasta que sienta que su propio aire la asfixia y el líquido que ingiere le rebosa por la boca. no espera a ponerse morada: llame a otros seres humanos con violentas zancadas de los brazos. quizás le tiemblen inconcientemente: no se alarme, la naturaleza siempre le retrucará los movimientos desacostumbrados - una mujer embarazada no puede sufrir estrés ni ansiedad, es decir, debe ser complacida en sus deseos, sus miedos y sus acusaciones, ¡renuncie a perpetrar la especie, de lo contrario! o desaparezca de su vida durante un período, quizás incluso sea mejor que de lo contrario -


soplé el polvo que cubría a mi nombre, y descifré los números inconclusos de una clave secreta. todas las posibilidades se redujeron en mi cabeza: aquel número me podía llevar a algo, pero nunca lo haría. era como saber la temperatura del sol, por pura intuición y desmembramiento, pero tener igual conocimiento de que nunca llegará a tocarlo



sin embargo, el terremoto es inminente y usted debe esperarlo con la correspondiente serenidad. obedezca a los animales que, muy atentos, alzarán sus hocicos y la orientarán hacia el lugar más seguro. si allí no sobrevive, tenga en cuenta que no hubiera podido hacerlo en otro lugar - conserve entre sus manos la foto de un ser amado, y una carta de despedida. nada lamentará más que no haber dejado un legado en la historia

24.7.11

tratado al lector abatido

¿ya te cansaste de leer mis inmundas palabras, pululando siempre alrededor de las mismas inútiles frustraciones? ¿te pudriste del picor en la espalda después del certero hachazo de una pronunciación?



¡no llores!
abandoná esta sala de tortura, la mustia cerrazón del entendimiento, para inmuiscuirte en la banal bitácora de la felicidad: las luces se cernirán a tu alrededor para estamparte las más bellas flores en el cuerpo, a fin de que el mundo te vea con devoción, y dejen que te comas sus entrañas en platos de oro, mientras lloran sus familias con lágrimas que beberás para nunca deshidratarte





¿llegaste a un texto denso, que te pesa, acaso, tras cada palabra, cuya longitud has controlado minuciosamente, mientras mirás el reloj a cada instante, pendiente de los asuntos externos que te persiguen como hienas malheridas y hambrientas, que esperan que las atiendas con la piel desnuda, para satisfacer sus incontrolables deseos de devorarte? ¿olvidaste cómo se goza de la sutil comprensión, para creer sólo en el latir pausado de una música aturdida?




¡maldice!
a vos, y a todos los que se han perdido antes entre mis palabras ebrias, cansados hasta el abatimiento de un reflujo sin vuelta de tuerca, sin retensión ni explicación, sin enmarcación correcta en la realidad y en sus singularidades, malvengo a proponer que entierren en mí sus manos, en las palabras que me idiotizan e introducen en un trance sin aviso ni retorno, para nadar juntos en el sinfin de las nimiedades, en el sector más clandestino de los huesos, y sonsacar sin esfuerzo la sangre de las heridas que se ocultan, y las muertas flores que disimulan aquellas que ya se les han estampado tan sólidamente en todo el cuerpo



¡morite!
y si tras las forzadas huidas hacia mundos lujosos, donde brillan tus joyas bajo luces de velas, leves gotas de sangre te brotaron de los ojos, y una hormiga surgió de entre tus dedos antes de mirarte fijamente, sólo es necesario, por último, comprender el trance previo a la falta de existencia, para saber extirparle los gajos en la medida justa. sentí el aire condensado en los pulmones, nunca exteriorizado, para que los labios se te tornen morados y un leve picor te sobrevenga en el cuerpo. las palabras serán la salida más divina hacia todos los cielos: un suave lecho de rosas donde dormir plácidamente, mientras el aire va corriendo en dosis proporcionadas por entre tus narices abiertas, exento de la idea de la muerte, dentro de las tentaciones empalagosas de los engaños - comprenderás entonces el placer de devorarlos, y serán ahora tu vicio eterno

14.7.11

minuciosa conservación del cuerpo

Dejaste tu cuerpo en un desierto matorral, fuera de algunos caprichos altaneros, dentro del sopor inmenso de las lluvias. Prefiero mil veces el rodar de las aves: basta un leve aleteo de sus preciosas plumas, contorneándose al compás del viento en contra, para apreciar las mayores virtudes del planeta. La libertad, la belleza, el placer, una condensación fantástica del feliz sentido de la existencia, aunque disipado en leves segundos




Todo tu cuerpo en vos mismo. Si te cayera una leve pluma desde la cabeza, y se contorneara en el aire antes de quedar en el suelo, para permanecer allí hasta que otro pájaro distraído la adviritiera y se la llevara con la esperanza de revivir a su dueño, pobre dueño, cuya vida sólo ha dejado un signo incierto, que en verdad no indica nada: ha muerto, o sólo se encuentra débilmente vivo; si contaras al tiempo con tu zapateo simétrico, en violenta sentencia hacia los mortales, caería sin vacilar a buscarte, montada en un gran caballo rojo, que fuera matando a cada paso a miles de aves desplumadas, y dejara cartas en el idioma que resulta de la confusión mental, para que las lean extraños forasteros que pasaran por allí porque se han equivocado de dirección




La extensión de tu cuerpo es un recuerdo disminuido por mi mente, que lo ha conservado con descuido, dejando entrar leves briznas de viento frío, y matándolo de hambre por inviernos enteros. El excedente es, entonces, una mentira sutilmente disfrazada, para creerte aún vivo entre mis brazos, entre cada construcción conjunta que ha quedado, empolvándose, en todas las esquinas del planeta - en todas las esquinas que he pisado - y mutarte en las formas más semejantes y extasiadas: todos los hombres y sus sexos, todas las voces y sus timbres disonantes, todos los gritos descontrolados, resultados de la pérdida de eje, un aniquilamiento del superyo manifestado en expresiones sobrias y extraídas plenamente de su sentido - el que permanece en el vocero como una tortura de pájaro carpintero -




Construí tu cuerpo en bancos de arena. Crearte con mis propias herramientas, te ha convertido en mío por entero. Vacío de ideas, despojado de caprichos, rechazos e insinuaciones, parecés un bello cuadro pintado sobre la pared, que no morirá aunque la derriben: los restos de pintura me mancharán el rostro, y entre mis venas correrá tu andar errante, tu casi pleno desvarío, el gesto imperceptible de tu boca al llorar en un cuarto azul, y un motín de festejos sin motivo, bañados de alcohol caliente y mujeres zarandéandose en pleno estupor callejero

3.7.11

descripción casi exhaustiva

una parte de usted estudia conceptos inútiles - retención en la memoria, pronta eliminación, suspensión del sentido, aprobación externa, supuesto avance social


otra fuma, bebe y come en exceso - intoxicación de lo genuinamente puro, extermino de la relación salud/bien moral, purga de ansiedades e inminentes depresiones


otra obedece al general mandato producción/resultado (poco en usted, mucho en el otro) - automatización semejante a la primera pero de acciones inmediatas esta vez, satisfacción ilusoria, casi mentira, ya mentira, la descree, fracaso, igual subordinación


la última contacta con semejantes - charlas, miradas, saludos, roce, sexo, baile, alucinación conjunta, risa, silencio / un puente hacia el otro usted


usted que no fue aún nombrado, el usted que nombran los otros, débil, maleable, usted es feo, lindo, vistió mal aquella tarde, habla pausado y a baja frecuencia, es poco interesante en general, no es para los otros, se relaciona para no hablar solo - la propia voz espanta, es catártica y distorsionadora, entre usted y la voz un abismo -



fuera de usted el drama de la existencia, un pensar intrínseco entre todos los demás cuerpos ajenos, su cuerpo, su usted que bebe, que estudia, que produce, creciendo inexplicablemente, resultado de la división: usted y el mundo, rodajas de realidad indivisibles, bésese, amáblese, destrúyase

31.5.11

estereotípicamente

La economía de las palabras debería, durante una lectura asidua o una escritura compulsiva, sorberlas de una sola corrida: los que, los de, los pero, como, para que, desde ya, porque, para qué, así, entonces, pues; los vos, yo, tanto, tan, al parecer. En un campo intensamente florecido el mundo más tangible es el menos parecido a las palabras. Quedarse con lo propio: un reflejo tan retorcido de una idea que si fuera el reflejo del rostro propio pasaría usted de largo porque estaría apreciando una belleza inconcebible


No sirve entonces escribir si no es para que el contacto humano exceda los límites del cuerpo, y en un descubrimiento invernal desentrañar el plano exacto donde todo se encuentra - donde usted no estará nunca, así como los reyes no están en el pueblo, como los comunicadores no están, de ninguna manera, en la información, son agentes al margen de los hechos, críticos, profesores y secretarios también, por qué no, acaso nunca se preguntó en qué posición con respecto a los hechos está usted, de qué modo se involucra con lo que vende, con lo que compra, con lo que dice, con los besos tan abiertos que ha dado, y el amor que ha proferido a una persona estereotípicamente bonita -. Y si usted entonces se plantea el salirse del puesto, las palabras no le servirán de nada, y las lanzará en un pequeño agujero que reservará en su cuarto, o en el lugar donde usted duerma. Soñará con ellas seguramente, en forma de leves y molestas torturas en el cuello, en las piernas, lo despertarán con un repentino sobresalto, volverá a dormirse y a la mañana siguiente se quejará por no haber soñado nada, el psicólogo sonreirá cómplice de algo que usted desconoce y tomará nota con una birome roja. todo el mundo se conjurará, desde que haya guardado allí las palabras, total y absolutamente contra usted, contra sus actos más miserables - esos en los que antes se refugiaba - como seguir un ritmo siempre regular en los pasos, tomar un jugo de naranja demasiado ácido o besarse en secreto la punta de los dedos pensando en una persona que se le escabulle disimuladamente. Las palabras tienen su venganza en todo lo que existe, y la tendrán sobre usted de modos tan crueles y despiadados - la piedad para ellas es otra cosa, quizás una flor celeste, quizás y más probablemente un conjunto de letras apiladas de manera arbitraria - que se retorcerá sobre sí mismo, hasta sí mismo, de modo tal que se combine de una manera perfecta con el mundo - y usted adoptará la forma que le falta al mundo


Las palabras no volverán a usted porque usted quiso apropiarse de ellas - no use el lo, el que, el para qué, no hace falta, sólo son designaciones de las ideas de las ideas que usted tiene de las designaciones, designaciones de la realidad que a usted le parece que podría ser la realidad, desde sus ojos hasta los ojos de otro, y si hay entre ustedes un abismo tan eterno y negro que no se anima a mirarlo, entonces tire su papel y sus palabras y haga cuentas en calculadoras con pantallas azules, o comuníquese por no quedar callado, porque si usted se detuviera a mirar por un momento, sabría que no hay nada más unánime que los ojos, en el sentido no de ver las mismas cosas, ni de verse a sí mismos, sino que ningún ojo puede ver nada, ni siquiera su propia interioridad, aunque podría si se volviera en sí, si no doliera - y se le ha vuelto un mundo (imagínese, un mundo peor que este) en contra ya del cuerpo, no desde el punto inocente de las abstracciones - quítele ese para qué, ese por qué, ¿por qué aclarar que es un yo, que es un él, por qué ponerle un nombre a lo innombrable, por qué no lo nombra de otra forma, como utilizando, por ejemplo, una palabra que sólo le haga olvidar lo que quiere nombrar? - sino desde su mayor y peor ferocidad, que surge de una inocencia tardia, como volver a descubrir los orígenes de las cosas, y en una renovación de aprendizaje, sustraerles como se sustrae la cáscara de una herida, toda la esencia más directa al pensamiento, ese que en usted está hundido en el rincón más misterioso del jardín siniestro de las ideas, ese que no tiene dirección, ni salida, ni lleva a ningún lado, ni ha nacido

15.5.11

-

Las líneas de mi vida están trazadas como se trazan las líneas de un rectángulo. Las que determinan el ancho son grandes columnas de cemento, con manchas de polvo entre la pintura descascarada, y se desmoronan en cada viento, aunque sea una leve brisa sobre el mar que las enfrenta. Aquellas que limitan el largo, parecen colosales caminos frondosos y atraviesan todos los paisajes posibles: desde las inmensas llanuras sin respiro de relieve, hasta las montañas sempiternas sin siquiera diminutos agujeros desde los que tomar el aire. Y yo, en el medio, soy el cuerpo fútil al vacío: me estrangulo por salir de mi jaula, pero al tiempo que sobrepaso, en una tercera, las dos dimensiones que me enlazan y sostienen en el mundo, un gran temblor me sacude, por decirlo, desde la punta de los pies a la cabeza, y todo mi cuerpo parece un fantasma, y si me vieran intentarían atravesarme sin sospechar de mi presencia ni la angustia que develo en mis ojos. Por eso simplemente duermo en mi sueño tan forzado, y quisiera llorar si sólo pudiera: no tener los medios físicos para hacerlo, pero sí todas las ideas del método es, para mis palabras intrascendentes, el mayor mal que ha sacudido al mundo. Al mío, al de los otros, y al de las líneas que me encierran más allá del mar que las enfrenta.

Cuando alguien me posee e intenta hacerme – hacer de mí una cosa que fuera a significar más que esa misma cosa, un objeto con nombre y mayúsculas, cuando quiere rebelarse, tal vez sin saberlo, a la existencia de todo lo palpable y hasta lo etéreo – yo me extraigo en millones de formas. La libertad que tengo para hacerlo, que es sin dudas, más que poca, me presionaría los pulmones y me haría estallar en grandes trozos hacia las distraídas cabezas, si tan solo tuviera un cuerpo que encarnara todas las acciones de descarga. Y sin embargo al posarse sobre mí ese dibujo imbécil, que sólo funciona físicamente, estrujándome los miembros a punto de tortura, clavándoseme como se clavan todas las agujas en las venas, sólo siento una penetración constante, un ir y venir de un flujo de materialidades, que a simple vista no se parecen ni por asomo a lo que el escribiente quiso decir en ellas. Las formas que resultan de un movimiento, aunque intencionado, no pueden ser más que eso. Y yo soy un maniquí, el que las ve caer y las recoge, soy un gran depósito de intentos frustrados, un reflejo tosco de las mayores profundidades, todas las ilusiones representadas, el canal de la efusión más allá de lo que existe, donde caen estrepitosamente desdichas desordenadas, que luego se unifican donde yo aparezco, en el único portal más infiel que uno mismo.

26.4.11

la visita

primero tus manos en la puerta, titubeando

sé tu presencia desde el aliento mismo

como si respiraras mi aire sin impedimentos,

te espero sabiendo todo, te reciben mis manos

abiertas a este sol primaveral que no saluda,

no se habla cuando el mundo tiembla estrepitosamente

y los pájaros se posan en tu espalda.


te veo andar y estoy andando,

una luz te ataca la cara y me enceguece

quiero que me pegues, despertarme, saber el silencio eterno

de encarnarte, el calor te ataca y yo te busco

no es tu cuerpo, no viniste

ni dejaste tu abrigo en mi mesa, ni te desnudás

ni sabés la debilidad de mi sonrisa.

segundo el intento vano de tocarte

el ansia de llenarte de mí hasta deshacerme

y colmarte de mi vida sin cuentagotas

de a chorros convencidos y relucientes,

dejame ser tu cuerpo y olvidar el propio, es siempre

más fácil estar muerto.


suena tu voz en un compás regulado

estoy contando el tiempo con las manos, y no te fuiste

por fin el amor tiene forma de dedos

que me rozan sin siquiera saberlo

mientras un sueño de placeres me enceguece toda

y caigo en miles de vigilias inexistentes,

por fin tu vida volvió a servirme: ahora bebo de vos

como de vos, soy vos yo toda,

estoy entrando a mí sin tocar la puerta

se me debilita el pulso con el sol que cae.

22.4.11

el niño vuela

un pájaro voló sobre mi cara. y tras darse un golpe seco en el asfalto, estampándose la cabeza contra una baldosa floja y mojada, se sacudió las alas, respiró profundo y murió.

cerró los ojos lenta y profundamente, como si viera de repente todas sus posibilidades de ser hombre escabulléndose a través de un largo pasillo negro. los cerró y relajó su cara sin culpa, posando la cabeza cerca del cordón. un niño que jugaba a la pelota lo vio y se quedó mirando su cuerpo ya inmóvil ante sus pies pequeños. como si estuviera observando una imagen inolvidable, quiso registrarla en su memoria entre las cosas más sutiles. y el pájaro se movió súbitamente, en un espasmo corto y definitivo. el niño no dejaba de mirarlo, consternado, casi tan tieso como el animal moribundo, y parecía sol de mediodía que no se muere nunca. tenía la pelota entre sus brazos, y la soltó perdiendo toda conciencia de la fuerza de su cuerpo. por fin pudo quitar los ojos de aquel cadáver insignificante en el ciclo natural del mundo, para buscar su pelota que comenzó a rodar hacia la calle. ya era tarde, un auto la atropelló sin dar señal de resistencia, y el juguete quedó aplastado contra la acera como una insignia imborrable a través de los siglos. pero no la miró, porque toda su vida se había ido con el pájaro. y comenzó a caminar hacia ninguna parte, ya de noche, tan solitario como nunca lo estaría jamás, ni siquiera luego de un gran colapso nervioso, ni siquiera cuando fuera un hombre tan triste como la noche. vio sus pies moviéndose y recordó las alas de un pájaro batiéndose al sol, y se creyó volando también en dirección a las nubes, con grandes alas de plumas marrones y manchas de sangre en el cuello, como las de ese pájaro que murió justo al lado de sus pies pequeños. y pensó en sobrevolar montañas nevadas, y grandes ciudades con personas encorvadas cargando carros con verduras. en intentar saludarlos y que algún viejo alzara la cabeza sorprendido y con una sonrisa de bebé en los ojos.

su casa sombría tenía grandes columnas blancas en la puerta, y al entrar las golpeó con desgano, en una especie de impulso inconciente. su espalda se dibujaba en la sombra de ese atardecer de mayo, y yo desde mi auto observaba sus pies por fin atravesar la puerta, como el pájaro se cruzó ante mis ojos para luego morir estampado en la vereda.

12.4.11

capturas

y todos posaron para esa foto sin nombre, sus caras como posters postrados en una pared de adolescente. sonrieron falsos y exorbitantes, auténticos como una pantalla, pero nadie figuraba en la cámara.

el fotógrafo exaltado miró su foto sin planos, sólo un fondo verde y uniforme y una leve luz de sol colándose por la derecha, que iluminaba cuerpos que no estaban, con sonrisas que sólo existieron en su aire durante algunos segundos de un día de primavera nada despreciable. los miró a ellos, volvió a ver su cámara mientras le temblaban las manos. nadie estaba, ni de cerca ni de lejos, ni desenfocados, ni solos. una muchedumbre de personas continuaba posando, mientras él no daba crédito a lo que veía y lo desafiaba con una mirada cada vez más atenta.

no están.

nadie contestó, y volvieron a posar para otra foto, esta vez apretándose los hombros con más fuerza, la chica de la derecha tenía un gesto repulsivo pero intentaba sonreir, y el chico que la tocaba lo hacía como a la musa de sus sueños. los demás no existían, sólo eran cuerpos en un espacio. hecho cotidiano en la cotidianeidad de la vida. pero nadie pudo registrarlo, y el aire no tiene memoria. por eso permanecían en sus posiciones, esperando ser capturados en algún momento.

no están en la foto.

y ellos no corrían a verla, y posaron de un modo agresivo, mostrando sus puños con rudas miradas y piernas inclinadas hacia adelante, algunos lanzados en el suelo como francotiradores, y todo era un sueño inútil de tocar lo inalcanzable. a nadie capturaba el flash, ninguna imagen resultaba de sus cuerpos. eran seres inmundos en un campo verde.

el fotógrafo nunca dejó de buscarlos, aunque era evidente que allí no estaban. y encontró sus bocas entre las nervaduras de las hojas, sus brazos en los grandes troncos de los árboles, y el amor que desprendía la chica de la izquierda en una rama seca que casi se caía, pero no, en aquella tarde de primavera nada despreciable.

5.4.11

la espera

y no sé qué brota de la savia turbia del desencuentro, la espera apacible con los ojos cerrados, un azul e irritable cielo sobre la cabeza inclinada a un hombro vacío, tu voz mi voz todas las voces en gritos disonantes, y el viento que se recorta en mis oídos, los oídos que fueron tus ojos, los ojos que fueron tus labios, los labios que hoy cantan que no hay ausencia cuando se sabe que tu vida está enterrada bajo mis pies dormidos

en una sobria y fría soledad, que recorre siempre los lugares más oscuros, en un laberinto directo a las entrañas, para comerse lo más duro del dolor humano, el hueso irrompible de la esperanza, la muralla de acero de la negación al espejo, al llanto eterno de no saberse vivo cuando otra vida se comió el sabor de la aparente alegría, a pasar las manos sin saberlo sobre texturas placenteras, a saber que existe otro cuerpo entre el propio y la inmensidad del mundo. que todo se quiebre en un solo instante, como ver caer una hoja de un árbol corto, y que muera aplastada por los pies distraídos

calmar la sed y acostumbrarse a sorberse el seso en pensamientos de tu cara, y vivir la realidad como un eterno espejismo, y querer siempre asesinar a quien insiste en los sueños, corriendo en enredaderas de tus manos hacia un sinfin de sensaciones que la piel olvida, como no recordar cómo es quemarse, o que se difumine en el aire el goce del tacto acercándose, aquel presagio previo al placer, tensar los músculos con los pies cerrados

y una mirada vacía desde el fondo de uno mismo

11.3.11

etapas

todo nos parecía enorme. sanguinario, trágico hasta el pescuezo, extremo, colorido, proveniente de un lugar que parecía desconocido, el inconciente, los sentidos agudizados en un sonido imperceptible (todos los sentidos).

llorábamos sin quererlo al tener sexo porque sentíamos que las manos del otro eran cuchillos sacándonos la piel de a trozos grandes y cuadrados, y reíamos cuando un hombre moría en plena calle, porque pensábamos que era un show de payasos. con narices rojas y pies grandes como aletas, saltando entusiasmados para ganar plata en un semáforo. las manzanas parecían cocodrilos y las comíamos con culpa pensando que faltábamos a las leyes de la naturaleza, pero eran nuestras preferidas, después de los elefantes que nos parecían chocolates amargos y calientes.

los escalofríos venían con el calor del mediodía porque los icebergs siempre se asomaban de noche, cuando el mar ondeaba en olas gigantes y nos bajaba la presión bruscamente. las flores que nos brotaban cuando nos golpeábamos las usábamos después para decorar las fiestas de fiebre, en las que el afectado bailaba liviano y seco, y parecía un enano sobre todo si era viejo.

teníamos cierto fanatismo por lo imaginario. luego despertamos, y nuestras madres ya tenían preparada la cena, que tenía forma de un recuerdo lejano con el que jugábamos en los atardeceres de verano.

cuanto menos de verano, mejor.

1.3.11

la imagen

de un pasado a esta parte el tiempo ha cambiado. creo que mis manos están llenas de espinas, pero no te asustes porque aún puedo tocarte, o creer que te toco en el aire y sentir una mezcla de sosiego, placer y turbia culpa. cuando una imagen se sienta a mi lado mientras leo poesías que no puedo descifrar pero que se me cuelan en los huesos como el frío o el delantal blanco a las enfermeras esqueléticas que siempre caminan por el hospital, entonces tengo que rozarla porque sino los edificios de enfrente se caen sobre mi cara y me hacen agujeros enormes como cráteres de planetas remotos que a nadie le importa reparar. es una protección, el caliz que me salva, el otoño asomado entre el calor de la tarde. y las imágenes que son preciosas y suaves como un bebé que no hay que cuidar, entonces de entre las barras del banco aparecen y nunca se van hasta que mis espinas las hacen sangrar todas. les brota del cuerpo un montón de recuerdos, y en mi cabeza florecen imágenes exactas y contundentes, un beso que siente mi lengua, un abrazo que hace que mis brazos hagan fuerza para retenerlo, y el amor en cada percepción como un condimento indispensable. creo que tu imagen no se te parece en nada, ni siquiera tiene tus ojos (ni siquiera tiene ojos) pero la toco y son los tuyos, mojados y débiles, cerrados ante el esplendor de una palabra. ya no tengo las manos fuertes y sólidas, ya no tenés el cuerpo entregado a mi lado, ya no hay un espacio insignificante entre nosotros, la imagen y vos parecen traídos de sueños diferentes, vos de una realidad más bien incomprobable y ella es la verdad de mi carne hecha contorno, con todos mis deseos perpetrados, mis angustias concretadas en los gestos más mundanos. no te estoy pidiendo que te vayas porque me alcanza con lo que tengo (un sueño, casi nada), pero es que ya el tiempo ha pasado sobre los bancos de la plaza, ya polvos de tormenta, gotas gruesas de lluvia de verano, culos transpirados sucios grandes pequeños muchos, se han posado en el banco que antes ocupábamos nosotros, y no está mal mi amor, porque en mis ojos sólo hay imágenes y con eso me basta. que cada vez que leo poemas y un temblor estrepitoso me sube hasta el pescuezo, sé que mis manos van a buscarte en el aire y si sos vos o no, si es tu imagen el sueño de un futuro que nunca podré regalarle a mi andrajosa vigilia, qué importa.

16.2.11

sueño con serpientes

las serpientes están brotando de mi boca. pero no pueden, me las tengo que tragar todas mientras me miro al espejo y cuento uno a uno mis defectos. recuerdo que alguna vez no tuve nada: ni una mueca tonta, cómo pude. cómo sabía el café amargo cuando era perfecta, de qué manera el tiempo aplasta las cicatrices. de qué manera las aplastará.

las serpientes tienen gusto a veneno con edulcorante. y me hacen llorar de lo ricas, del ardor en los labios. mi sangre parece brotar naturalmente, como gotea el agua cuando escampa en las paredes de afuera. siempre de afuera. donde están mis serpientes ahora, porque se me escaparon y no puedo tragarlas. creo que una se me parece, pero no me acuerdo de mi cara. estoy llorando profundamente, pienso en un muerto pálido, en un pantano, en las horas del reloj de atrás. las serpientes me están rodeando los pies, para que no me caiga nunca. para que tampoco me mueva. y cierro los ojos con fuerza. ahora otra aparece, y descubro: salen del vidrio de mi espejo, yo las tengo todo el tiempo. hasta que pueda moverme y llegar afuera antes de que sea de noche. ya estoy atada a los azulejos. las serpientes nunca se miran entre sí: siempre me buscan. estoy apretando los puños porque los tengo libres, preparando una piña que las lance fuera de mi vista. pero no tengo fuerza. quiero tanto entregarme a mi boca sucia, a su ardor repulsivo, que no me muevo. y recuerdo tanto el sol que me enceguece. las serpientes están sobre mis ojos, cubriéndome. ya no puedo salvarlo, estaré ciega para siempre, hasta que pueda tragarlas. ya no tengo saliva en el cuerpo, tengo aire pesado de verano. el aire pesado de las cuatro de la mañana.

nunca será otra hora para mi reloj de atrás.

11.2.11

cine

un niño ve una película de los años cincuenta
quizás antes, donde hombres y mujeres bailan
blancos en un fondo negro
una música que carraspea y a veces es aguda
mientras sonríen detrás de sus sombreros
y se miran falsamente enamorados
muy falsamente
no tan enamorados.
se mece en su sillón marrón brillante
mientras la casa duerme en una paz tan aparente
que sospecha que en cualquier momento
todos renacerán como bestias.
lo olvida. ella lo besa y al niño le brillan los ojos
con asomobro y pudor. la casa calla, cómplice,
los padres duermen sin tocarse demasiado.
ha pasado un hombre borracho cantando un tango
por la vereda desierta. el niño lo olvida porque ahora
él le devuelve el beso con una pasión insospechada
mientras los demás bailan de fondo y negros.
cierra los ojos. se imagina besando a la misma mujer
o a lo mejor una más cercana, como la vecina
que a veces también lleva un sombrero.
vuelve a sonar la música con ritmo regular
pero es sólo un fondo para su amor eterno.
se hunde cada vez más en el sillón, embelesado,
y nunca más abre los ojos
al menos en sus años treinta, quizás después
al menos besando a una mujer con sombrero
y un gesto inquisidor detrás del velo de su sonrisa.