
30.12.10
contemplación

1.12.10
mi identidad
primero me miraste. había algo idiota en tus ojos, un resto de miel podrida y amor eterno, la inocencia incondicional de un niño, te arrodillaste ante mí después con una entrega de vasallo, no supe qué hacer ante tanto cuerpo. mil metros de distancia quizás nos separaban, y ahora me observabas con los ojos abiertos, como un sapo exaltado o un cadáver recién muerto, me penetraste sin quererlo con tu desesperación malherida, y tuve que decirte algo. mañana será, lo sé, lo siento en todo lo que soy, como si ya me estuviera convirtiendo en el futuro, primero mis manos que no se aferran a nada, luego mi cuerpo que no se mantiene en la tierra, así toda yo estoy siendo el porvenir, te veo claro a vos, a tu boca húmeda decorando las imágenes, llevás el pelo en la cara pero detrás siempre tus ojos, y me acompañás hasta en la enfermedad más contagiosa, y me tomás la mano fuerte para asegurarte de que existo. soy como el tiempo, sé todo y no me importan las penas que voy dejando en el camino, estás inclinado ante mí como pidiéndome algo que no puedo descifrar y que vos no sabés decir. decime qué pasa, por qué estamos tan tristes, y no podemos seguir viviendo en nuestros estados naturales, por qué no puedo asegurarle a nadie que esto no es en verdad un sueño. lo sabés y balbuceás idiota como un mudo, se me estalla el alma de tanta duda, yo no sé nada, no pretendo saber nada quizás, pero me incitás a la incertidumbre, a la pregunta rondando como un fantasma, mostrándome que nada está acomodado, que estamos distribuidos en retazos desordenados. y ni siquiera sé si mi vida es esta, o esto de tenerte enfrente es un resto que ha quedado de otros restos inmundos, y el paradero de mi todo es eso que me querés decir, y no te puedo escuchar, y quizás no me importe, al final todo pasa por mis manos, soy el tiempo. y quizás no te importe.
24.11.10
las vidas
21.11.10
música
parecés un viejo roncando
que se queja de una pesadilla,
sos la pesadilla que tengo
de volverme vieja,
esta noche tiene otro nombre
no es una noche, es una manía
el vicio de fumar
o de llorar
o de morirse siempre igual
con la misma mediocridad de siempre
a la misma hora
en honor al mismo nombre,
mi voz tiene otro tono de noche.
12.11.10
descubrimiento
al todo esto que soy, dicen que le falta algo que nunca voy a tener, no por tener que buscarlo, sino porque ya lo perdí. no es la permanencia prolongada de la inocencia, no la niñez, no la incertidumbre, no el miedo al futuro, no el goce indiferente sin preguntar razones. no el intento por un logro, no el inútil ansia de progresar. es otra cosa, y yo que tanto he vivido como tanto he muerto y casi tanto como me falta vivir para morir definitivamente, no dudo ni cabeceo insinuando una alternativa cuando pienso que el agujero que tengo, como el que deja uno en la carne cuando la corta en diagonal, o el que tiene el precioso cuerpo de una manzana consumida, no es una insinuación, no es una ilusión producto de una congoja pasajera, sino que es el fatal resultado de un improvisado golpe fruto de mi distracción enamorada, y que no podré llenar ni con pastillas ni con tiempo ni con amores inútiles que pueblen de flores tristemente marchitas mi biografía final.
2.11.10
ausencia
como si te hubieras muerto
extrañarte es un presagio
es una profecía
es un invento, una elección
te extraño
no hay un agujero en el tiempo
ni en el espacio
o al menos no hay nuevos agujeros
pero me faltás para que esto tenga nombre
te necesito para suspirar con un motivo
para creer que tiene cara
la razón de que todo esté tan mal
sos ese sueño que soñé
en el que aparecía la razón de mi desidia
y que no logro recordar.
29.10.10
estos días
despierta fervores públicos y congojas insospechadas,
y amor y odio demasiado extremos,
y llantos demasiado efusivos,
seguidos de un homenaje correcto
con palabras justas y alguna puteada
para expresar el enojo de algún modo
es que su aparición sorpresiva
nos llena de miedo
y se nos cala en los huesos
como si fuéramos los próximos.
26.10.10
andar
me uno y voy como una saeta
esquivando los cadáveres que les sobran
a las guerras y a la historia
y absorbo el agua que nadie absorbe
y me arrastro si quiero
por arenas hirviendo,
y te sonrío aunque no sepa quién sos,
y quién sabe
quizás te unas,
dejes tu vaca o tu mujer o tu empresa
y quién sabe,
primero te caigas pero después
andes también al galope
salteando a las amenazas
y comiéndotelas
como a una sopa de verduras.
21.10.10
Visita

16.10.10
Esto y aquello

11.10.10

Él no entiende porqué sueña que vuela. Si en su cama está despierto. Y todo retumba tanto en su cuarto oscuro, que prende la luz como si así pudiera salvarse un poco del ruidoso ladrido del reloj. Pero ahora es peor, porque sabe que no ha vuelto. Y que lo que ahora vuela en ese fondo tupido y triste, también es él, y es esa su gran pesadilla, que está llegando tarde, que quizás no llegue, y está solo.
29.9.10
La esperanza
Parece que hay algo que me mantiene ahora, mirándolos a ellos mirándome, con las piernas ya acalambradas de tanto intentar ocultar el papel, y el pelo sucio, un fervor que me sale de adentro, que está esperando el momento justo para salir, unas ganas de saltar por todos lados, pero me estoy guardando todo para cuando vengas, no por quererte, sino porque nadie lo haría sino, nadie disfrutaría verme en esa locura terrible que será la libertad, y nadie llorará cuando lo abandone, y nadie volvería a rescatarme (porque claro que me van a volver a traer cuando se den cuenta de su error) a pesar de mi indiferencia a las miradas, a los gestos amorosos que exigen tristes algo a cambio. Ya me molesta un poco, pero resisto porque todo lo haría por tus manos abrazándome, por ver tu cuerpo caminando, por ver un cuerpo caminando, por verme, sí, porque acá todo es tan oscuro que hasta dudo de mi propia existencia, dudo de si alguna vez estuve, y vos estuviste ahí para hablarme, y gritarme después con un enojo humillante, y si realmente lo hice, si es verdad que sos ese muerto que en cualquier momento puede asomarse por la ventana.
26.9.10
Historia de las sillas
Cuando alguien lo rescate, el gusanito saldrá a la tierra. Andará contorneándose inquieto y transparente por la humedad del suelo, se arriesgará a las pisadas y se deslumbrará con el cielo tibio de la última tarde. Pero hoy, una honda oscuridad lo mantiene debajo. No importa si cierra los ojos, si los abre, si intenta moverse o si sueña con un amor rubio. Su cuerpito sabe dónde estar para no morir, sabe que lo aplasta insensiblemente una gran piedra. Y que por su poco peso, su poca fuerza y su poca importancia dentro del reino animal, no podrá salir jamás de las limitaciones de su vida. Porque si saliera, ni siquiera podría alimentar a nadie, no serviría. Simplemente lo aplastaría un pie extraño e inmenso e inmediatamente entraría en la lista de las cosas descartadas que le sobran a este mundo y que sólo puede agregarlas a una lista para no ser tiradas en agujero negro, una bolsa de basura o un olvido atento de alguna cabeza.
Su inmovilidad suele desesesperarlo. Es fantásticamente obediente, a pesar de la limitación de sus posibilidades. Apenas intenta salir, vuelve a su cabeza como un martirio la realidad amenazante de su vida, y permanece apesadumbrado durante el resto del tiempo (no del día, no de la noche, eso nunca se sabe).
Pero hay una cosa que, invariablemente, lo impulsa a abrir los ojos, a dibujar una tierna sonrisa a pesar de no hacer fuerza o de estar muy dormido. Y es pensar que allá afuera, a alguien le molestará la piedra que lo aplasta. Y que por eso, a pesar de no pensar en su terrible desgracia o en el necesario salvataje de su especie, la correrá y su vida comenzará de nuevo. No sabe qué habrá debajo. Tampoco lo sospecha. ¿Más tierra, más nada, otro mundo igual al de arriba, pero al revés? ¿Con piedras que se alzan sobre las cabezas, y personas que las rozan mientras están paradas? Algún día vio algo parecido. Y el recuerdo lo enaltece y se siente superado. Por eso puede imaginar, con un gesto soberbio, cuántas cosas podrá haber además de las que ya conoce.
La inversión del mundo por debajo suyo es la idea más acertada, para su cabeza pequeña y su cuerpo zigzagueante (antes zigzagueante) al menos. Si se intentara hundir un poco más, si hiciera fuerza contra todo eso que está debajo suyo y que siente que lo espera, su objetivo en la vida estaría cumplido, y, lo más importante, no dependería de nadie que alzara la piedra que lo hunde cada vez más en la tristeza. Así que se dispone a cavar hondo, profundo, constante y fervientemente, esperando la luz, otra piedra, un pie, la existencia paralela de otro mundo que nadie más que él es capaz de conocer. El tiempo pasa agazapado a él, recordándole su existencia a cada paso, haciéndole saber que quizás quedarse hubiera sido la mejor opción, esperar que un piadoso, necesitado o distraído caminante lo dejara respirar para volver al antiguo mundo que ya conocía, y que era su mayor comodidad. Pero no responde a sus tentaciones, poderoso el gusano impulsa con toda su pobre potencia la tierra que va encontrando, hasta que se topa con algo. Pero no es duro como una piedra, ni gomoso como la suela de una zapatilla. Es suave y sedoso y se posa tímidamente sobre él. La suavidad de ese objeto, su comodidad terrible lo satisface de tal manera, le devuelve tanto su antigua felicidad, que se queda dulcemente dormido, como si fuera ese el lugar que lo estuvo esperando toda su vida, como si fuera esa nube la cama en la que algún día debía dormir.
22.9.10
Venganza

12.9.10
Antes de que me vaya
¿Se fueron? Fijate si se fueron. Bien. Subí la música, al mango. Más alto. Al tope, hasta que no puedas seguir moviendo la ruedita... Uy a ver, dejame a mí. Ahí está. Ya sé, aturde un poco, pero al rato te acostumbrás. Hay un sillón allá, tirate. Primero abrí bien grandes los ojos, después cerralos con fuerza. Lo que es ese bajo, no se puede creer. Prestale atención, jugá con eso: primero el bajo, después la batería, después cuando llegue el solo el piano. Ahora fusionalos, cuando se pongan todos de acuerdo. Movete como si fueras vos la música. Las drogas no vendrían mal, sentir que uno es parte de todo, eso pasa, que uno es parte de todo. Parate y bailá conmigo. Somos tantos en esta tarde mágica. ¡Vuelan los pájaros allá! ¿Los ves? Para mí que también nos están escuchando. Se ponen de acuerdo para cantar, qué cosa tan hermosa. Te extraño un poco sabés, y eso es raro porque estamos bailando. Pegate más a mí, nunca dejes de escuchar el bajo porque ahora viene la mejor parte. Un solo fantástico, si uno supiera realmente describirlo sin tener que sufrir esta rara incertidumbre. Afuera no está pasando nada, acá somos nosotros y está todo. Dejanos solos, realidad. No le cuesta nada, con todas las cosas que tiene que hacer. Esa señora hace resonar sus tacos, y menos mal que no llegó el marido porque se pondrían a pelear, como siempre. ¿Nunca pensaste lo inútil que es pelearse, empezar a las puteadas para luego terminar en la cama porque sería demasiado costoso separarse? Ah, menos mal que nunca nos casamos. Cuando seamos grandes, lo sé, nos vamos a equivocar. Qué feo nos vamos a equivocar. Escuchá la batería, hace un contratiempo. No te estoy dejando escuchar, lo sé, pero te resignás porque sabés que soy así y no podés cambiarme, además yo te traje acá, no me reproches nada.
No te canses nunca, la música no va a terminar por vos. El mundo nos queda demasiado grande, y quizás por eso somos felices, hay tantas porquerías afuera que mejor no pensarlas, dame la mano así y revoleate, que nadie te detenga, que no vengan. ¡La vida tiene cosas tan fantásticas! Pero al final siempre concluyo que son una ilusión, que la realidad es mala y todo lo que no nos parece malo es en realidad una mentira. ¿No podría ser al revés, también? ¡Yo qué se! No parecen tan irreales las notitas agudas del piano. Fracasaremos en todo, yo lo sé. En cada paso nos caeremos como estúpidos, pero no importa demasiado, estoy escribiendo tan mal últimamente... y eso me da miedo, la única esperanza de supervivencia. Claro, después de que esta tarde muera, porque no sé si voy a sobrevivir. Vení y bailá conmigo, la música no va a terminar por vos.
10.9.10
De más
5.9.10
La vuelta
Si te mataron, que no vuelvas.
¿A dónde se trazan las líneas de tu cara,
en qué vieja imagen se refleja tu imagen?
Estás borroso, desgarbado,
te cuelgan los brazos en un gesto tosco.
Qué succión la del tiempo,
mañana será tarde para que arrastres tu sangre
a mis pies descalzos,
te besaré la frente y desearé tu desaparición
rotunda, drástica, como una lección al final de día.
No llores, mañana serás un niño solo.
Y estaré mirando el cielo, satisfecha,
sintiendo el aire intoxicado
de un cigarrillo.
24.8.10
Nos
Por eso aguantamos. Vomitamos las flores de los campos, nos damos la mano y luego nos golpeamos. Pero el resentimiento es mala palabra. ¿Qué clase de estúpida cosa estamos escribiendo? No sabemos, no les buscamos explicaciones a las cosas que son lindas (cuánta belleza les quitaríamos si les encontráramos alguna), un día tomamos el papel y el lápiz y entonces nunca más lo dejamos. Probablemente nunca nos encontramos, o estamos con la gente equivocada, y nos perdemos de miles de cigarrillos compartidos y de madrugadas borrachas y fascinantes, pero no nos impacientamos, no buscamos lástima pidiendo créditos, esperamos ese magistral encuentro mientras pasamos la vida, entre más momentos de mierda que medianamente bonitos, muertos de frío, vivos de frío, llorando mientras leemos poemas, negándonos a salir durante días. Pero quizás ahí es donde, sin saberlo, encontramos un punto de contacto, nos rozamos suavemente la punta de los dedos, estamos acompañados por alguien que también está llorando, sintiendo exactamente lo mismo, algo que no sabe cómo carajo explicar y que tampoco le importa, porque sabe que se le pasará, y lo disfruta como a un orgasmo en plena noche. Nos sentimos leyendo los mismos versos, en la misma situación quizás terrible de un sábado a la noche en que el frío nos obligó a renunciar a la lujuria, o el miedo quizás, más probablemente el miedo, y de algún modo sabemos que llegó el momento. Por eso nos amamos, nos separa una medianera o tres mil kilómetros, o nada, quizás nada porque no existimos, no existe esta conexión ilusoria de madrugada congelada, este amor que de pronto es eterno e inmuntable, que se nos entromete en los huesos y la carne y aspira como al humo toda nuestra tristeza que es como estalactitas en el pecho y en el cuello. Pero nada puede importarnos menos que su aparente existencia, que de eso se encarguen los filósofos o los investigadores de la puta que los parió. Nosotros seguimos con los ojos cerrados, no los abriremos hasta que la luz del día nos obligue a desperezarnos tiernamente y tener que salir a otro mundo con otra gente, de cuya existencia no dudamos, no, claro que no, pero estamos seguros de que nosotros no existimos en ella.
7.8.10
Canon

En música, un canon es una contrapuntual composición que emplea la melodía con unas o más imitaciones de la melodía jugada después de una duración dada (e.g. resto cuarto, una medida, etc.). La melodía inicial se llama el líder, mientras que la melodía imitativa se llama el seguidor que se juega en una diversa voz. El seguidor se debe crear del líder siendo cualquiera a la réplica exacta de ritmos e intervalos.
Lo extrañamos cuando se había ido. Ahora no nos importa demasiado. Dejó una camisa negra, un pipa que parece valer bastante dinero y una carta seca y sonsa que indica su partida. Primero fue un vacío horrible, la silla vacía en la cabecera de la mesa, el silencio ante la espera del sonido de las llaves a las ocho de la noche, el hueco que se iba formando poco a poco en su lugar de la cama, la limpieza excesiva que conservaban sus sábanas, el nudo en la garganta cada vez que algo nos recordaba a él, un tango de fondo en una película, el chocolate con almendras, el café quemado, la sonrisa de dientes blancos, el brillo de los ojos de un hombre emocionado. Todo nos atrapaba de tal manera, nos hundía de tal forma en una tristeza improvisada, desprovista de solución inmediata, de consuelo alguno, que ya cansados estábamos. Porque creíamos olvidarlo, en verdad lo pensábamos, cuando había sol y salíamos a comprar facturas o nos reíamos mirando televisión, o hacíamos bromas telefónicas a las vecinas, o tomábamos helado en invierno. Cuando bailábamos una canción bonita, y cantábamos a los gritos, desgarrados de alegría, una alegría inmensa que pudo haber durado años si hubiéramos tenido la voluntad necesaria para sostenerla y no caer como siempre en el pozo.
No nos consolaba pensar que estaba muerto. Porque no lo estaba. Fue una desaparición turbia, como la de un intruso que parece haberse instalado y de repente ya no está, como la de las estaciones que apenas se ponen lindas se van, como los versos de un poema que en el goce esconden una levedad infernal. Se fue como se va todo, siempre, de las manos se nos fue de repente, no lo vimos ir, ni siquiera la espalda, los ojos en duro rechazo, la cabeza hundida hasta el pecho, arrepentida, no vimos nada suyo que nos dijera que estaba, que estuvo alguna vez ocupando un lugar en nuestras vidas. Pero lo dejamos ir, como si así hubiera tenido que ser. No le reprochamos nada. Debía hacerlo, simplemente, no estar, uno después de todo también se iba a tener que ir algún día, y si no lo hacía de cualquier manera moriría y esa es otra manera de abandonar. Digamos que lo suyo al menos fue más valiente.
Nadie nunca me creyó, pero una vez creí verlo. Leía en mi cuarto, era verano, y él me saludó desde la calle, tan contento que no parecía ser él, por eso olvidé automáticamente ese sueño turbio, aunque siempre se me aparece como en una ilusión, y lo toco y es mío. Se fue, lo vimos todos. Dio varios pasos, cerró la puerta, caminó por la calle, hacía frío y tenía un saco, daba pasos y avanzaba, fue real su despedida, todos asumimos eso como cierto, pero eso no implica no estar tristes de vez en cuando. Nunca me pregunté dónde estará. Porque no puedo imaginármelo. No tiene una casa en otro lado, ni un amigo cercano que fuera a hospedarlo, ni dinero para ir a otro país, ni siquiera a otra ciudad. Tampoco intento pensarlo demasiado. Las cosas están donde deben estar, allí la familia bailando de vez en cuando, aquí yo siempre leyendo cerca de la ventana, todo en su justo orden, como debe ser. Él en otro lado, fuera de nosotros. Así es como tienen que ser las cosas, cuando uno ya agotó todas las formas de cambiarlas.
Ya no hay un lugar vacío en la mesa, ya mis sábanas no están siempre limpias. Hoy alguien se le parece, llegó a ocupar su espacio en esta casa casi vacía. Yo lo miro y se me hace un nudo en la garganta, porque estoy enamorada. Como se han ido las cosas vienen otras, antes nos importaba su ausencia, tan fantásticamente atroz, traba incipiente para la continuación de nuestras vidas, fantasma rondando en cada intento de recuperación, pero ahora hay un hombre hermoso que me mira desde el otro lado, me acaricia de noche y me deja leer hasta tarde, hay un hombre que me necesita y aparece siempre, nunca lo contrario. Hay cosas que simplemente desaparecen, yo pienso, él se fue y había alguien en la esquina, es lo más probable, a veces lo toco y no es otro, es él aunque nadie me crea, y se lo cuento al nuevo hombre y cree que es él, pero no. Vuelve a veces, porque si lo ausente lo fuera para siempre, sería muy aburrida esta vida.
4.8.10
Cuando te encuentro, te vas

Ya la noche, quizás la sensación de crepúsculo no había estado tan equivocada. Sintió ella el frío inevitable del pasaje del sol a otro plano, a otra ruta desconocida. Disfrutó de repente el vacío intenso que la esperaba al alzar la vista. Cuántos kilómetros hasta encontrar una luz, una casa solitaria, el aullido de un perro perdido o la ayuda ingenua de un conductor de camiones. La piedra permanecía y estaba, también, disfrutando de la libertad de la anulación total de imágenes, ella podía ser cualquier cosa, no ya una simple piedra que es pateada y agredida por enormes zapatos que la manejan como les da la gana, quizás un lindo sapo o una casa de muñecas, o un hombre parado en la proa de un barco. Cualquier cosa podían ser, andando solitarias en una ruta desértica. Recordó ella, en ese terrible instante de vacío en que cualquier horrible cosa puede entrar en la mente, la caída estrepitosa de su hombre en el barranco. Cesó su paso de repente. La piedra la esperó desconcertada, pero sin exigirle que siguiera caminando. Todas las rocas rasgándole las prendas, sus manos y sus piernas y sus pies desparramados como si fueran parte del mismo paisaje agrietado. Su desaparición final. La imagen dejó de pasar, como si nada más valiera la pena ser recordado. Y, como si hubiera estado loca o borracha o demente, sintió que aquel evento inesperado nunca había ocurrido. Que si bajaba por entre las rocas, no iba a encontrar más que otras, o algún animalito que huiría despavorido al verla. Nada, semejante esfuerzo no hubiera valido la pena, porque nada había pasado. Y aunque creyó haber visto rebotar aquellas piedras sobre el cuerpo de su hombre, aunque lo hubiera jurado hacía un instante, sólo estaba segura de su propia piedra pequeña. De que esta la guiaría hacia recuerdos lúcidos, concretos, no invenciones de una mente absurda y consternada. Sonrió otra vez, satisfecha. Siguió su camino sin pena ni gloria, como resignada a su condición de caminante, hasta que la piedra, sin que ella pudiera advertirlo, se desbarrancó y comenzó a rodar rápidamente por la ladera.
31.7.10
Iara
La casa es demasiado grande, demasiado húmeda, tiene demasiadas puertas y pocas ventanas. Está vieja, la casa, tiene muertos flotando en las paredes, está sola pero acostumbrada, contiene un grito desgarrador como si le hubieran metido una media en la boca. Así, como está, la recorre Iara intentando contener ese ridículo y espantoso llanto surgido de la desconcentración. Peor que las lágrimas es la razón que las impulsa, que es nada en realidad, y menos mal que aún no se dio cuenta de que está envejeciendo, menos mal que no se topó con ningún espejo, que no tuvo tiempo para mirarse las manos.
Toma café y fuma en la cocina, ni se le pasó por la cabeza cuidarse de los perjuicios de los placeres, cree más bien que moriría si no pudiera contar con ellos. El vidrio por el que mira es horrible porque está sucio, empañado y viejo. Y a través de él no se ve nada interesante, salvo una maleza descuidada que puebla el patio. Piensa en lo triste que es que las cosas se mueran allá afuera, pero no tiene voluntad para mantenerlas con vida, porque sobre ella recae el tiempo de manera inevitable y en cambio sobre ellas, qué importa, si no hablan. No son capaces de pedirle nada.
Iara mete la colilla del cigarrillo en la taza del café porque nunca sabe dónde ponerla. Y considera ese el lugar más oportuno, accesible y adecuado que puede encontrarle. Es probable que no lo haya pensado tanto en realidad, y sólo la haya introducido ahí por pura distracción. Sobre la mesada, que está espantosamente limpia, ve el reflejo tosco de su boca en vertical. Le parece que es bonita, sonríe, le parece más bonita. Pero su alegría al verse es superficial, no dura más que unos pocos segundos y se disipa como un sueño absurdo que nada tiene que ver con la realidad.
Se sienta en una silla que cruje. Algún día habría que cambiar las sillas, piensa fugazmente, lo olvida rápidamente. Llama a su nuevo gato, el viejo se le murió hace poco. No lloró por él, porque ya había registrado a este que era más bonito y más tranquilo antes de que el otro acabara con su vida en una pelea callejera. El gato obedece como si fuera un perro, es naranja y brilla como si lo hubieran lustrado, ronronea alrededor de Iara. Se aburre de esa visita que prometía ser más entretenida y se interna en la maleza atravesando un pequeño agujero en la pared que la mujer nunca llenará, y tampoco llamará a nadie para que se ocupe del asunto.
Se queda sentada y aparece en ella un recuerdo, como si hubiera estado esperándolo. Está así, en esa misma posición, mirando el hueco que el gato había dejado atrás, y un hombre le acaricia suavemente el pelo sentado en la silla de al lado. La que todavía no cruje. Casi puede sentir su mano, el placer vergonzoso que siente, las ganas de cerrar los ojos y entregarse de lleno al goce de esa caricia. Lo siente, pero despierta de su recuerdo. Se sobresalta. Llora como si estuviera en una película, inmóvil, lenta, nunca despega la vista del agujero. Parece que hubiera buscado la tristeza, ahora puede permanecer un buen rato soltando lágrimas sin que nada la perturbe o la moleste. Llorar por llorar, hundida perfectamente en esa hermosa nostalgia inevitable. La busca para sentirse viva. Fue joven, qué asesino tan terrible es el tiempo.
29.7.10
Revuelta
Si digo siempre no exagero,
no le doy otro nombre a una cosa,
es realmente siempre que me muero
porque si estoy viva es fantasía, mi amor,
si no es en vos qué vida
puede haber acá, qué débil mi cuerpo
ante el fracaso,
me ves caer y lloro
se me salen las muelas, las escupo,
me muerdo las uñas, te muerdo los pies,
sonrío en una locura que no tiene precio,
y no te imagino, me estanco
en el abismo dulce del desenfreno,
te rodeo, muerta, y hoy qué sos,
qué recuerdo te devuelve a mí
porqué no muerto, porqué
vivo tan vivo y lindo en mi soledad
tan muerta
desopilante
que arranca pétalos con los tendones blandos
y los esparce en tu lecho
como en una ceremonia.
18.7.10
Al otro lado
Y un día andaba, como todos los días de su existencia en la tierra, con una mano en el bolsillo y otra sosteniendo violentamente un cigarrillo como cualquier hombre puede andar. Los diareros, los estudiantes universitarios, las ancianas que sólo salen para hacer las compras, todos andando estrepitosos, amándose quizás fugazmente, en una mirada al pasar que detenía el tiempo de sus pasos, y él los observaba por sobre sus lentes oscuros, percibía la carencia cuando se le cruzaba y le rozaba la nariz como un rayo. Creía, callado, mirando el repetir monótono de las formas de las baldosas, que si hubiera estado en aquel momento amando a alguien, la diferencia no hubiese sido abismal. Porque al final, todos los hombres eran como él. También andaban por esa calle, y miraban al suelo siguiendo las baldosas, y observaban disimuladamente a la gente, y se lamentaban, como él, de las desgracias de su vida. ¿Qué diferencia podía existir, entonces, entre ellos y él?
Pensó, de repente, en una casa. Una casa que no fuera la suya. Por ejemplo, un matrimonio. Imaginó una mujer muy arrugada, caída toda, las ojeras negras y la raíz del pelo canosa, las caderas ensanchadas y pensó en un hombre, como ella pero en versión masculina, la piel gruesa de fumador, dedos gruesos como salchichas, una panza dura asomada por sobre el pantalón, dos personas completamente amedrentadas, muertas lentamente, como las veía siempre, cuando doblaba una esquina o andaba, como ahora, mirando a la gente. Eso es lo que suelen llamar, algunos, amor, la personificación exacta del amor, todo hecho para ellos, encarnado por ellos, manifestado diaramente en todos los gestos cotidianos. Y sin embargo, esa gente no existía. Vivía en casas que imaginaba lúgubres y oscuras, no tenía proyectos ni ilusiones, no tenía sexo, ni siquiera besaba. Sonrió el hombre, por la desgracia de los otros hombres y mujeres en el mundo, engañados por un dogma que asumían como real. Y por eso se casaban, creía, porque al final es para lo que se vive, para casarse cuando no se tiene otro objetivo en la vida, y se cree que así, al menos, tienen la felicidad asegurada, o quizás un buen papel como ciudadano y miembro de una familia o grupo social. ¿De qué valía, al final, esa reflexión callejera y superficial, que le inspiraban las ancianas que sólo salían para hacer las compras, los universitarios, futuros desgraciados, las mujeres, los hombres, desgraciados presentes? Si el mundo seguía igual, fuera de su cabeza y de su pelo remendado. Soplaba el viento dispersando las hojas, la gente amaba. La gente joven amaba. Creyó que quizás sí. Que si los matrimonios no lo hacían, entonces los jóvenes sí, pero... ¡qué fugaz era esa gente! Como hoy uno los ve radiantes, los muchachos elegantes con sus barbas y sus cuerpos fornidos, las mucachas erguidas y curvilíneas, así los verá luego, corroídos inevitablemente por lo que siempre esperaron. Hoy se aman, entusiasmados, en noches desenfrenadas, y luego acaban casándose pero con otro entusiasmo, como si el mismo tiempo les hubiera absorbido la necesidad de divertirse y debieran, por obligación social o padres estúpidamente sonrientes, contraer un matrimonio que, saben, los conducirán al estado de sus progenitores inevitablemente.
Reflexionaba al ver sus zapatos marrones andando en la acera, uno primero, luego otro, el ritmo de las caminatas le parecía algo fantástico, el movimiento perfectamente coordinado de las piernas, una pierna se adelanta cuando la otra se queda en su lugar para luego hacer al cuerpo avanzar, pero la otra no quiere quedarse atrás y también da el paso. Ellas no se pelean, piensa, no se miran con odio y sin embargo están tan juntas, como él con ellas en esa vereda de invierno, en la que los tres andan, en una soledad terrible, y mientras unas andan el otro piensa. Ahí estaba la clave, se dio cuenta el hombre, frenando su paso inconcientemente, yo pienso. Yo solo. Aunque los tres estuvieran caminando. Por eso andaban tan preciosamente coordinadas, una con la otra se han aliado para hacerlo andar, y si no frenaban él frenaba, y si no avanzaban él lo hacía.
Se topó con un semáforo. Los pensamientos, las reflexiones recurrentes, idas y distraídas, frenaron como él en ese instante de mirar la luz verde, ver los autos pasar frente a sus ojos fugazmente, oír el ensordecedor sonido de la calle, todo estaba coordinado perfectamente, pensó, al distraerse de la vagancia inútil de sus pensamientos. Alzó la vista, por un momento. Alguien esperaba, como él, que el semáforo cambiara, y en lo posible rápidamente, de color. Y pensó que qué lastima que el amor no lo había elegido a él, porque no sabía de lo que se perdía.
9.7.10
Órbita
en que nadie contesta,
y el mundo gira fuera de uno,
y uno lo está orbitando,
idiota,
buscando una cara conocida,
alguien
que lo salude
cordialmente.
Pero todo sigue
y hay televisores
y avisos
y partidos de fútbol
y mujeres imposibles
todo pasa vuelta tras vuelta
mientras uno permanece
siempre merodeando
como una rata que busca la carne
engañándose
de vez en cuando
pero siempre ahí
en un cuerpo extraño
sobre un espacio extraño
hacia una nada extraña
y solo.
4.7.10
Páez.

Pero hoy pienso, no importa. La vida ya me ha dado bastantes disgustos, si no son grandes son pequeños, si no intrascedentes importantes, siempre algo que me asegura la verdad de la tristeza. Y pensar, qué cosa inútil, para qué sirve cuando uno ya ha pensado tanto y no ha encontrado nada. Si siempre se llega lo mismo: el cuerpo atravesado sagazmente por el tiempo, el recuerdo olvidado de un amor divino, los achaques, el viento intenso de la noche, el miedo a caerse de la cama y morir, alguna vez, como si nada. Como ahora estoy yo, solo de nuevo, cual si fuera necesario volver al mismo lugar, algo en la vida hace que vuelva a quererte en un desenfreno antiguo. Y sin embargo hoy cuando te pienso tengo veinte años, hoy, yo, tan viejo, cuando te recuerdo soy otro, tengo el rostro bello, mucho pelo, las manos tersas, los ojos iluminados, tu cuerpo, mi vida, toda la ilusión encarnada. Nada me falta cuando de a poco te invento. Está tu figura en el humo que aspiro, en las hojas que no existen en invierno y el florecer sombrío de la primer primavera, cuando camino, borracho, bajo un farol titubeante, cuando no está, y está otra, tu figura se recrea como si fuera el mismo tiempo, acechando en mis caminos para entorpecerlos. No me deja vivir, siquiera, cuando intento no pensar, y puedo levantarme luego de la duda para demostarme que puedo vivir, aún, aunque más cerca de la muerte. Está, sin embargo, para golpearme de lleno en el rostro, en un golpe sorpresivo como un trueno.
Quisiera no pensar, en esta mañana lúgubre que ya clarea, aunque cueste quisiera. Pero has existido, y es el pasado ahora lo que está presente, sobrevolando las nubes fugazmente, si todas las cosas pudieran ser acaso, tendrían tu nombre sin dudas, pienso. Vuelvo al pensamiento mi vida, porque de vos está hecho y hacia vos voy, siempre, aunque lo olvide las piernas me llevan solas, son tus manos que las empujan, dulcemente, hacia tu vida siempre. Si suspiro es para que responda tu voz de repente, para que traces vos sola el camino.
Así que tras dar vueltas en mi cuarto, inquieto, incómodo y despeinado, me pregunto inocente porqué la yerba está ahí, en ese cajón y no donde yo la había dejado, quizás, alguna vez. Y sonrío, torpe, fijando mi vista en un cuadro de una insípida flor.
25.6.10
El condenado

La maté. Lo sé señor, no es bueno. No es moralmente correcto, ni lo permite la constitución, ni usted, el abogado, ni el juez, aquel señor, ni la espantada testigo que no deja de llorar. No digo que sea bueno, no me corrija porque no puede corregir a nadie, alguien que se deja decir cómo son las cosas, y acepta que no sean de otra forma, no, usted no puede decirme nada.
Le diré que fue un acto de cobardía, pero del mismo modo que puedo decir que fue heroico. Quitar una vida de este mundo, arrancársela (no a la persona, al mundo, porque usted sabe, cuando uno muere, qué va a sentir que le quitan algo, más vale morirse que sentir) sin piedad ni arrepentimiento, ¿quién se atrevería a hacerlo? ¿Usted lo haría, señor abogado, licenciado, doctor? Y sin embargo fíjese que no es tan complicado, una de las cosas más sencillas que he hecho, usted le tiene tanto miedo porque no lo conoce, porque nada valora más que a su propia vida entonces imagínese, sería un escándalo quitársela a alguien. Pero acá la clave, lo que haría que el mundo cambie como nunca lo hizo (y no, no me hable de revoluciones o reformas, eso no ha sido nada, usted lo sabe que ha estudiado tanto) sería que la vida nos importara realmente un pito, que este o aquel fueran lo mismo vivos o muertos y que nosotros, al mismo tiempo, le diéramos un valor igual a cero a la existencia. Un vuelco radical, sustancial, trascendente sería eso. Todo hasta ahora se ha regido por esta supremacía inservible de la vida, y nadie ha logrado nada con eso. Si en el noticiero a usted le dijeran que ha muerto alguien, o dos, o cien personas, usted lo ignoraría como a cualquier otra noticia, en cambio ahora qué hace, se escandaliza, se preocupa, les dice a sus hijos que se cuiden, llama a su madre y le corta sólo para saber si está viva. En cambio si no fuera así ¡Qué fantástica vida tendría usted! Esto es lo que yo he comenzado. El insalvable principio de una era en que ese freno del miedo, de la cobardía que nos va encerrando, se disipe y nos deje libres ante la total certidumbre de que moriremos, o de que estamos vivos, que estamos muertos. De cualquier manera sentiremos el aire, no, nunca pensar en que dejaremos de hacerlo, quizás será sólo una alucinación, quién sabe, ¿usted lo sabe? Imagínese, alucinar que estamos respirando cuando en verdad estamos muertos, qué cosa tan fantástica.
Debería agradecerme, en lugar de mirarme con ese gesto de desaprobación (que en realidad tiene siempre), porque yo le estoy concediendo a usted una vida que nunca habría imaginado. Quiere irse a vivir a un barrio privado seguramente, una casa con pileta quizás, ¿ya la ha comenzado a pagar? Mire que ahora todos tienen un sueño parecido al suyo, no es por menospreciarlo pero pronto ocuparán su casa si no la compra. Pero lo mío es diferente. Dirá usted y todos los demás, y por ser muchos se dará por aludido que tienen razón, que existe cierto problema mental en mí, como quieran llamarlo. A mí no me importa, porque si fuera así, porqué habrían de dejarme hablar. Hay quizás algunos inconvenientes en su procedimiento, no es por criticarlo, sé que es lo que le han enseñado, pero fíjese que uno debe valerse por uno mismo también. Quiero decir, puede que ahora lo esté haciendo. ¡Tantas sorpresas me llevo de este mundo! Porqué digo me llevo, porque desde que la maté hay otra esperanza en mí, una esperanza de mi propia muerte (que será, usted sabe, lo mismo que la vida, para mí y para usted también, que no podrá castigarme a mí ni a nadie) siempre floreciendo y haciéndome sentir de maravillas. A usted le pasará lo mismo, cuando gana un juicio. Porque cuando lo gana, está matando a alguien. Encerrar… Podríamos también equiparar todas esas cosas malévolas que hacen ustedes con la muerte, sería más emocionante y tendría más adeptos mi plan, porque persuadir a la gente sabe que es fácil.
Máteme, señor. Yo he venido a que me maten, habiendo suspirado tantas palabras, qué sería mejor que morir en este lugar y ahora, cuando menos me importa la vida, ahora que sé que no es tan grave, tan importante, algo que pasa y se va, vea usted qué locura, darle tanta importancia algo que se parece a todo los demás: que pasa y se va.
12.6.10
La huída.
Se abrió el silencio. Un montón de ojos absortos lo miraban, procesando el discurso lentamente. No podían moverse: las manos atadas, el cuello inclinado sobre los hombros, las piernas casi muertas, los cadáveres al lado. Y el encierro de un sótano vacío de luces o señales, solitario. Ellos lo miraban perplejos. El silencio quebrado era un milagro.
- Terminaremos muertos - susurró una voz tímida.
- Sí. Y si no es hoy, será mañana.
Una verdad incorruptible era la soberana, el único dogma aceptable. Los que estaban perdidos habían encontrado un camino. Y no lo abandonaban.
Un chillido ajeno se oyó en la lejanía, en un rincón desconocido del cuarto. No era ninguno de ellos. Era una rata. Sus pasos ágiles, uno tras otro como los instantes, atravesaron el sótano. Los ojos del roedor brillaron como dos bichos de luz en la noche entrada: buscaron algo. Eran hombres. Se acercó a un muerto, lo olió, lo rodeó y se fue. Buscó a otro que también rechazó.
Todos permanecieron en silencio como si estuvieran muertos. El espanto los dejó inmóviles, tiesos.
El animal volvió a su misterioso lugar de origen mucho más rápido que a la ida.
Otro repiqueteo. Este andar era diferente. Eran dos. Dos ratas pasearon por sus pies, los olfatearon, los miraron con sus ojos brillantes. Se quedaron. Porque tenían que esperar a las demás. Diez ratas se precipitaron rápidamente a la escena. Ahora todo era una iluminación mágica de ojos que se movían nerviosamente buscando una presa. No la encontraron. Veinte más, cincuenta. Nadie llevaba la cuenta. El mundo racional de los humanos no existía ahora que la selva florecía a sus pies ennegrecidos por el polvo.
Un hombre entró al sótano, como sucedía habitualmente. Caminó firmemente entre las ratas, alzó de los brazos a un prisionero y se lo llevó, casi arrastrándolo. Una de los roedores le mordió el tobillo. El hombre chilló. Otra lo hizo, luego otra. Seis ratitas estaban colgadas de él, y hacían tanta fuerza que quien había entrado no podía llevárselo. Y lo dejó tirado para que terminaran de devorarlo.
El prisionero era una perfecta masa de ratas movedizas que se escabullían unas entre otras y no podían escaparse de ese sueño. Quedaron los huesos.
Uno de los más moribundos se acercó y tomó el cráneo muy rápidamente. Se lo lanzó a otro en la cabeza, y las ratas se los comieron a ambos.
- ... y sin tras la libertad sólo encontramos otro encierro, que sea más bien muertos que vivos y esclavos.
Se paró el orador y caminó hacia la puerta. Los animales habían huído y él pudo salir. No se había dado cuenta de que nadie contestó.
Porque no había vivos. Y él caminaba hacia la luz eléctrica, para volarse la cabeza ante los ojos del oficial, o traicionar sus palabras tentado por su brillo.
29.5.10
El pacto
me estoy traicionando a mí misma.
Mi rostro me escupe en el espejo,
mi mirada se burla de mi mirada.
Voy en un camino incierto
dónde otros me indican la llegada,
y yo corro con piernas torpes
porque de otros son
(seres de la nada).
Me gritan las voces
las palabras maltratadas
que terminan siendo mías,
viejas, sucias, usadas.
23.5.10
Veinte años.
Muñeca, sabés lo que cuesta todo esto, no te das una idea, siempre me costaste como un viaje por el mundo, como una vida entera de lujos y derroches millonarios, me costaste como tener el aliento de la muerte siempre en la nuca. Veinte años, te juro que no más, no, y ya era una tristeza que daba ganas de escribir un millón de poemas, una pesadumbre que nadie entendía porqué pesaba, y era porque no habían visto nunca tus ojos, no como yo los vi, desnudos y soñolientos en la madrugada más profunda y contorneada.
Nunca me voy a cansar de escribirte mientras sea capaz de hacerlo porque esto es como tenerte un poco más de mi lado, sos cuando te creo en palabras el amor por fin concretado, ya no un sueño difuso entre los sueños sino la realidad palpable, mirame, me mirás, sos mía por fin y para siempre, no, no dejo de escribir para que no te vayas. No dejo de escribir para que no te vayas.
Una pequeña pausa, y ya te disipaste. Me dejaste otra vez, como siempre, dejo que me dejes porque así es el mundo, las cosas se van y uno aprende a aguantársela solo, después siempre se sabe lo que pasa, primero perpetrar poemas como un enfermo que sabe que va a morir pronto (no muy bien cuándo exactamente), después nada de eso alcanza y hay que estar con mil mujeres y el vermout otra vez es compañía pero esta vez irremplazable, como los cigarrillos de interminable continuidad, uno atrás del otro como pequeñas balas que golpean la piel avisando que pronto matarán a sangre fría.
¿Para qué todo esto? ¿Por qué seguir dándote vueltas cuando el tiempo debió haberte llevado hace décadas, y yo debería estar casado con otra que, aunque se te parezca, casi no me recuerde a vos? Porque nadie quiere que se vaya a quien amó. Si te amo, no lo sé, probablemente no, ya estoy viejo para amar, para amar hay que creer en algo y en qué voy a creer yo, en qué decime, sino es en lo que veo, que es nada. Pero eso no importa, porque el pasado es mío y hoy lo llevo como a mi carga más hermosa, cuando quiero reír saco tu sonrisa, cuando quiero rozar beso tus labios, cuando quiero llorar tus mejillas, y cuando quiero morir, mi amor, mi para siempre fugaz amor, no tengo que sacar nada. Ya te tengo a vos, acá, para matarme poco a poco, hasta que me hunda por fin en el abismo profundo de tu silueta.
18.5.10
Revoluciones
y de ellos el asco y la savia chorrean como muertos
colgados en palos descascarados.
Roncó otra vez la noche ensordecida,
y se posó en los labios de vencidos
con un mensaje de odio entre las manos,
con una vieja sonrisa en la nuca.
A las multitudes no les gustaron las verdades
y asesinaron al mundo, se comieron sus hijos
crudos o enfermos en un impulso divino,
tras el aluvión de vino
que bañó las playas, las costas
y el cielo desolado.
Algunos, sin embargo, se arrinconaron en la sombra
del día que sobraba en horas ignoradas,
y perpretaron palabras con viejas ideas
y revivieron amores de sexo e instantes,
mascando la manzana y a su delicia anticipada.
Tomaron así, las armas cargadas
de futuros tan inciertos como irremediables
y aniquilaron de vida al pueblo entregado,
y plantaron semillas en el camino
justo antes de morir delante del miedo
con el odio en sus manos
10.5.10
Arenas avanzan.
y les doy forma de música estridente,
hay alguien esperando por otras
que yo gastaré, quizás, después.
Las mías, mientras tanto, son alondras salvajes
que vuelan en un mar sin fondo;
una boca en una distancia
con bordes azules y celestes
y cielos flameantes con colmenas arrasadas
por un viento ignífugo;
son mentiras y sueños
de laberintos contorneados, son espejos,
deliciosos jugos de la muerte,
paradojas de cuerpo hermoso,
malolientes sobras de los pulcros.
Son suaves caricias de huracanes
y maleables corazones de los muertos
con dibujos de caras en el centro,
con versos indecisos en la mente.
Mis palabras tienen ruedas que giran
en una arena estancada,
maldiciones que nadie nombra
en la sobriedad del mundo.
Tienen intenciones definidas,
resultados predecibles,
invenciones sorprendentes.
Tus palabras, sin embargo,
simplemente son alondras salvajes
que vuelan en un mar sin fondo...
7.5.10
Ocupas
donde está mi nariz y mi herrumbre.
Te invito a pasar a mi casa nueva,
en que sos un estante más
en el que no hay libros.
Ojalá te olvides de mis ojos
si es que no querés verlos para siempre,
y te quedes donde te digo,
porque donde estás
ya no me sirve pensarte.
3.5.10
Recordará el lector atento
La confusión de tu discurso me pareció vana, como una filosofía barata mezcla de palabras extraídas al azar de un diccionario. Como si te olvidaras de que lo que escribías además de sonar bien tenía que tener un significado, tenía que decirme algo. Hubieras usado más sustantivos concretos, adjetivos mundanos, verbos que se refirieran a una acción que pudiera imaginarme, no más bien ese dibujo de un mundo paralelo en que tu imaginación regía y dictaba las leyes posibles. Entiendo que hayas querido demostrarme la complejidad de tu mente y su superioridad con respecto a mis capacidades de comprensión, pero el objetivo de comunicar no se cumplió, y quizás es por eso que ahora te estoy odiando. Si no hubieras hecho la carta no hubiera sido necesario todo este circo, vos te hubieras quedado aunque sea a la fuerza hasta que por fin te acostumbraras y yo nunca me hubiera enterado de tus molestias y ese paso que estabas dando hacia el odio y que no tenía probabilidad de retroceder. Entiendo que es un poco egoísta mi postura, pero quién no ha sido egoísta, y quién no lo es todo el tiempo en realidad. Si vos te ocupaste de falsear tus actitudes para luego escupirme en la cara con palabras necias, no podés reclamarme absolutamente, y entiendo que no es cuestión de echar culpas, pero después de todo, vos nunca vas a leer esto.
Si hoy te enteraras de cómo terminé, quizás por efecto de tu carta, quizás porque estoy loco, yo sé que vendrías a rescatarme. Hay cosas que a uno lo marcan de por vida. No te voy a decir que fuiste vos la que lo hizo, sino más bien fijate qué te cuentan mis ojos cuando son las tres de la mañana y siento que es demasiado tarde.
19.4.10
Desde el miedo hacia el miedo
Si responde la humanidad con violencia desenfrenada, si me matan a tiros en un impulso animal, que mi sangre siga mojando sus pies plantados a la tierra: yo emprenderé por fin mi viaje hacia todos los oídos del mundo, que elegirán cuándo escucharme, si entre el bullicio de los hombres enojados, desde la punta misma del cerro, o en la invasión extraña de un sueño que dajarán pasar, como si fuera un delirio del inconciente.
4.4.10
El impulso
1.4.10
La decisión, la enseñanza y la vida

27.3.10
El batir del alcohol
24.3.10
El nuevo roto corazón
desde el roto corazón ajeno
ni siquiera yo, roto corazón andante.
Nadie podrá llorar las lágrimas
que lloran la vida que no vieron
si no es acaso dueño de esa vida lejana.
Sólo podré en el reflejo en carne viva
de esta pena sola,
posar mis dedos así en tus lágrimas
y ver tu llanto en silencio
mientras nuestros dos rotos corazones
ven florecer tras la ventana
el roto, pero vivo, nuevo sol que nace.
22.3.10
Diálogos
será por sí misma una suave brisa que congele
o encienda en llamas los corazones moribundos.
La lógica que intentes darle, morirá
como mueren las cosas que nunca han servido
en realidad...
déjala que sea un tonto gatito en el medio de la noche
intentando adaptarse a su condición
de salvaje conquistador de sensaciones.
18.3.10
La sorpresa en el espejo
que se me cuela primero en los huesos
y después se vuelve sangre
y carne y piel rota?
¿Quiere decirme algo?
¿Quiere decirte algo?
¿Cuándo lo busqué?
¿Se ha inventado solo
entre los recovecos de mi alma
que creo que no existen,
o es sólo un soplo de aire
entre el viento que sopla siempre?
Acaso la noche es y yo no sé
su oscuridad,
acaso me escupe todo lo que no pude ser,
existencia de la misma palabra
que no me pertenece,
como ya no lo hace nada en el mundo,
ahora que sólo sé esperar que viva en mí
un poema que no invento.
12.3.10
Donde siempre vamos
24.2.10
Mi cumpleaños
transformarme en un capullo
que aún no sabe lo que será...
ser una oruga que aún no ha visto al mundo,
ser mis ojos sin imágenes, mi boca sin palabras,
quiero renovarme como se renueva
el mismo tiempo,
todo el tiempo.
Por qué si pasa no paso yo también,
por qué no me reinvento como el aire,
por qué no muero ya, ahora,
sabiendo en el fondo que no servirá el miedo
si pronto seré de nuevo,
y así eternamente.
21.2.10
Anticipo
un día será el pasado:
tu risa alegre y las tardes terminando,
el viento como un celador de sueños,
siempre alerta para arrastrarlos.
19.2.10
De ilusiones está hecho
18.2.10
En lo trágico de la vida...

En lo trágico de la vida
vi algo hermoso...
el instante precioso
que jamás termina.
Mi cuerpo es mi pasado
y mi vida es lo que ha sido,
quizás lo más bello se ha ido
y lo peor ya me ha matado.
Pero al sentir mi pulso
y al oír mis quejas
veo que sólo soy lo que se asemeja
a la vida que se me impuso.
Dejaré un día de esperar el porvenir
y al mirar atrás veré mis huellas
y me aferraré a todas ellas
para creer que nunca he de morir.
Mas cuando ya de tierra sea
enterrada en un rincón ennegrecido
veré sin ojos cómo mi alma
pasea entre todo lo que he vencido.
Y así, tras el final maldito
de todos los instantes
estaré riéndome delante
de aquellos segundos finitos.
11.2.10
Círculo
No hay que explicar nada,
al tiempo que se habla,
la razón se ha ido.
Si quiero saber por qué existe ese árbol,
entonces el árbol se va;
si me pregunto, camino a tu boca,
el motivo que me impulsa a besarla,
entonces suavemente se disipa
como en el aire el suspiro.
¿Qué hay detrás del tiempo?
¿Por qué morir?
No hace falta saber: nada impulsa lo que pasa,
es todo una gran red fantástica
de sucesos que se suceden
cuyo único motivo es esa nada en la que existen,
y que nunca tiene fin.
3.2.10
El combate
no importan los planes: esta noche va a ocurrir,
y será hija de otras noches iguales.
Así se arrastrará el tiempo a la misma vida,
jugará con la ilusión del porvenir
y nos dejará por fin solos
mordiendo desesperados
el resto de aquellas noches
que ya ocurrieron,
con el cuerpo tan ennegrecido
que no querremos que ninguna otra noche,
quizás sin saberlo nosotros,
nos siga robando el alma.
26.1.10
Sistema sensorial
pero a veces hay tormentas de flores
y en aromas y colores
se convierten las almas.
No, no pasa digamos casi nunca,
pero algunos se abrazan y el mundo a su alrededor
es un pequeño camino
de luces que despiertan a los ojos dormidos.
Hay que estar atentos, muchas veces,
para ver cómo de vez en cuando
la luna se vuelve de un color extraño,
y en el mar su reflejo es una cuna de plata,
que irrumpe a la oscuridad
como el amor al miedo.
23.1.10
El cuerpo del aire
Si los que habían estado alguna vez sosteniéndolo porque estaba a punto de caer al abismo (y ser abismo, otra cosa negra) se van porque descubren que ellos también están muy cerca de convertirse en el temido espectro de la tristeza, entonces todo cumple su ciclo natural: nadie interrumpe el orden natural de las cosas. A veces algunas distracciones como el alcohol, el sexo o una caminata por un parque que no existe y después un llanto de cuya explicación nadie puede estar completamente seguro, luego otra vez el día y una sensación momentánea de perfección (eso que llaman felicidad, algunos que se ocuparon de inventarla). Siempre es mejor que sucedan las cosas así, todos en sus casas o en sus frazadas en la estación o en la habitación ajena saben que no pueden llamar a los que no sabían qué hacer con sus brazos, y por eso mantienen ese equilibrio correspondiente a lo que está ya determinado: algunos altibajos, eso es todo. Quizás la adolescencia (o algunos años más), las hormonas y el amor, palabra que resulta extraña al oído cuando es dicha muchas veces, y también cuando no es dicha nunca. O mejor dicho, cuando el alma muerta ha dejado de intentar escribirla en la piel como un corte ensangrentado, para así nunca jamás irse y no necesitar un teléfono ni el sexo en las noches ocasionales.